La AZOTEA de

Joaquín / Benítez / Jbenitez@ Diariodecadiz.com

Así cualquiera

CÁDIZ se olvida de que cuando la ciudad se disfraza, muchos nos vemos obligados a seguir adelante con nuestras rutinas. Nuestra profesión nos imposibilita paréntesis alguno. Pero casi nadie se acuerda de eso, y así, nos vemos obligados a sufrir este acoso de la fiesta y de sus ociosos festejadores. Un ejemplo: llega el Carnaval, y el Ayuntamiento se lía a liberar gran parte del poco espacio que tenemos para aparcar, para permitir esos tercermundistas tenderetes en los que el turrón y la garrapiñada son su mejor manjar. O para dejar que un señor con su plancha particular venda, sin apenas control sanitario, bocadillos de filetes o de bacón. Casualmente, la ciudad goza ahora de nuevas plazas de aparcamientos subterráneos, en los que, si decidimos dejar nuestros vehículos durante la jornada laboral, resultaremos con lo comío por lo servío. Todo sea por sacarle algo de jugo a esta fiesta que creo que cada vez deja menos dinero en la ciudad.

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