Con el coronavirus se está cumpliendo el dicho del título, aquello de lo que sucede dos veces, sucederá también una tercera. Se le atribuye a Pitágoras en base a que uno y dos, suman tres. Y ojalá que se quede ahí. Contra el virus, el más eficaz remedio es quedarse quieto y anular la vida de relación. O sea, confinarnos a todos, evitando así contagios por desplazamientos, pero esto supone paralizar la economía y la vida social. También es una epidemia la gripe, pero hay desde hace tiempo una vacuna que la evita y de la que soy testigo de su eficacia. Y también hay una vacuna contra el coronavirus, pero es desesperante los pronósticos sobre cuándo se recibirá. Estando las cosas como están, no es lógico buscar culpables, sea en el Gobierno central o en los gobiernos autonómicos, sino procurar sobrevivir, siguiendo las instrucciones que nos dan y en recibir la vacuna los más pronto posible.

El público por lo general es colaborador, salvo las excepciones de siempre. Y que son colaboradores lo demuestra la afluencia de donantes de sangre, de la que da cuenta este Diario de Cádiz, ante la amenaza de suspensión de operaciones quirúrgicas programadas, por la escasez de recursos. En la pandemia la provincia de Cádiz ha abandonado el nivel dos que tenía de riesgo medio por el tres, de riesgo alto, y ya estamos por encima de los 500 casos por cada 100.000 habitantes. El BBVA hace depender la recuperación económica, que tiene ahora un desplome del 11%,, de cómo sea el ritmo de la vacunación.

Las cuestiones de actualidad vuelven, porque la vida sigue. Aquí en Andalucía el PSOE de Madrid pretende que Susana Díaz no se presente como candidata por su partido para la Junta de Andalucía y buscan una solución, como la empleada en Cataluña con Iceta, que no será el candidato del PSOE pero lo harán ministro del Gobierno. Y los de Podemos, con su obsesión antimonárquica, preguntan por qué se pagan a los tres asistentes personales del Rey emérito que lo acompañan, pero esto no es una medida reciente, sino que ha sido así desde la abdicación

Y para terminar, una ocurrencia que supongo gustará a los cofrades: ante la suspensión de los cultos externos, yo propondría montar los pasos en la Iglesia tal y como si fueran a cumplir con la estación de penitencia, con luces y flores. Solo por el día de su salida.

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