Editorial

Avances y esperas de la financiación universitaria

LA crisis y los consiguientes recortes económicos produjeron una alarmante subida de la deuda de la Junta de Andalucía con las diez universidades públicas. El problema llegó a su punto álgido el verano de 2013, cuando la Administración autonómica llegó a deber a los centros la cantidad de 932 millones de euros. Esta descomunal deuda produjo auténticos problemas en la vida cotidiana de las universidades y la ruina de no pocos pequeños proveedores, que no tenían músculo financiero para aguantar una situación límite como la que se vivió.

Si en su momento este periódico fue muy crítico con la muerte por asfixia a la que había sido condenada la universidad andaluza, justo es reconocer ahora los esfuerzos que ha hecho la Junta para solucionar el problema. Actualmente, según los datos de los propios centros, se ha conseguido reducir la deuda hasta los 333,5 millones de euros, cantidad que desde la Junta se baja hasta los 220 millones. Evidentemente hay un desfase de algo más de 110 millones, pero en cualquier caso se puede afirmar que el Gobierno autonómico ha hecho grandes esfuerzos en unos momentos en los que la recuperación económica sigue siendo muy débil. Fue uno de los compromisos del consejero de Economía y Conocimiento y ex rector de la Universidad de Sevilla, Antonio Ramírez de Arellano , y todo indica que lo está cumpliendo.

Sin embargo, y más allá de la difícil coyuntura, es cierto que el actual sistema de financiación universitaria, que se remonta a 2007 y que ha sido prorrogado tres veces, ya no satisface a nadie y urge su reforma. Ramírez de Arellano es un profesor y político criado en el sistema universitario andaluz -del cual conoce hasta sus rincones más secretos- y sabe que ya es hora de convocar a la mesa de negociación a los diez rectores para buscar un sistema que contente a todos. No será fácil y cada centro intentará una financiación lo más beneficiosa posible para sus características. El consejero Ramírez de Arellano, quien dice que el nuevo sistema estará listo antes de fin de año, no se equivocará si cumple con su compromiso: primar la excelencia. Otra cosa no se entendería. La Universidad debe primar, ante todo, la excelencia de los centros, los profesores y los alumnos. En un mundo como el actual, en la que el conocimiento se ha convertido en la piedra angular de las economías punteras, favorecer la mediocridad para evitarse problemas políticos sería absolutamente suicida. En cuestiones universitarias, el dinero de todos debe favorecer a los mejores y más dinámicos.

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