en tránsito

Eduardo Jordá

Autónomos

LOS autónomos somos un colectivo laboral muy raro. No podemos protestar cuando nos quitan la paga extra de verano, porque no tenemos paga extra de verano. Tampoco podemos protestar cuando nos quitan la paga extra de Navidad, por la sencilla razón de que no tenemos paga extra de Navidad. Y tampoco podemos protestar si nos recortan las vacaciones, ya que no tenemos vacaciones pagadas, a menos que nos las paguemos nosotros mismos trabajando horas extras en otros momentos del año. Y ahí no termina la cosa, porque ni siquiera podemos protestar si nos retrasan la edad de jubilación, ya que la pensión de jubilación que recibimos es tan miserable que la única posibilidad de seguir viviendo con un mínimo de dignidad, cuando nos llega la hora de hacernos mayores, es seguir trabajando hasta los 104 años, que era la edad a la que Billy Wilder aconsejaba morirse, a ser posible asesinado por un marido celoso que nos sorprendiera en la cama con su bella y joven esposa.

Algún ser candoroso creerá que nos queda el recurso extremo de la huelga, pero esa posibilidad tampoco está a nuestro alcance. Y no podemos ponernos en huelga, aunque queramos protestar contra un decreto que nos obligue a pagar -por ejemplo- el 99% de nuestros ingresos a la Hacienda Pública -y no quisiera dar ideas, aunque me temo que todo se andará-, por la sencilla razón de que a nadie le importa que hagamos una huelga, ya que nosotros somos nuestros propios jefes y nuestros propios empleados, así que si uno cede el otro paga, o si uno deja de trabajar, el otro tiene que sustituirlo en el trabajo. O dicho de otro modo, si uno accede a las reclamaciones del otro, el otro tiene que sacar el dinero del bolsillo derecho para meterlo en el bolsillo izquierdo, cuando da la casualidad de que los dos bolsillos están en la misma americana (y ya está muy remendada, la pobre).

Lo digo porque comprendo el malestar de todos los colectivos que se sienten estafados por los recortes del Gobierno, pero me pregunto si alguien ha reparado en nosotros, los tímidos, modestos y estoicos trabajadores autónomos: ésos que reciben por partida doble el desprecio de los sindicatos (que nos ven como unos burgueses insolidarios) tanto como el de los empresarios y banqueros y agentes del fisco (que nos ven como unos pobres diablos a los que siempre se les pueden apretar un poco más las tuercas). Pero nosotros pagamos cada mes muchísimo dinero a la Seguridad Social, a cambio de unas condiciones laborales dignas de una colonia penitenciaria, y aun así no nos quejamos demasiado, o procuramos no quejarnos demasiado, ya que al fin y al cabo somos un colectivo laboral muy raro. Pero eso, me parece, ya lo he dicho antes, así que ahora tendré que callarme y seguir con mi trabajo.

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