Asesinos y violadores

¿Queremos unas penas duras o blandas? Sobre eso deben reflexionar los partidos sin ideas claras

A pesar de algunas cortinas de humo, como la disolución de ETA (que estaba muerta y bien muerta desde 2011), en los últimos días el mundo gira en torno a los abusos sexuales y las violaciones. Y no sólo por el caso de La Manada. Ha salido en libertad el violador de La Verneda (después de cumplir 20 años de cárcel de los 167 años a los que fue condenado), a pesar de que Instituciones Penitenciarias no lo da por rehabilitado. Entonces se llega al dilema de siempre: ¿queremos unas penas duras o blandas? Sobre esto deberían reflexionar los partidos que no tienen las ideas claras. O que dicen el mismo día una cosa y su contraria.

Las cárceles cumplen una función social. De vez en cuando, aparece algún personaje como Eleuterio Sánchez, que pasó de quinqui a intelectual. No suele ser lo más común. Todos recordamos aquella frase de Concepción Arenal que se hizo proverbio: "Odia el delito y compadece al delincuente". Era un buenismo del siglo XIX, que tenía sentido, ya que muchos delincuentes de entonces (y de hoy) se han criado en ambientes de marginación que los llevaron por el mal camino. Darle una segunda oportunidad a las personas, o incluso 70 veces siete, es también un legado del cristianismo, que reconoce el valor del arrepentimiento sincero.

¿Eso vale para todos? Para los asesinos de casos como el de Marta del Castillo, Diana Quer o el niño Gabriel (entre otros) no deberían valer los atajos benevolentes. Para los violadores múltiples tampoco. Es decir, que los grandes criminales están mejor en la cárcel que en las calles. En este país, gracias a Dios, se acabaron el garrote vil y otras formas de pena de muerte, que son salvajismos bárbaros de otros tiempos, aunque se mantiene en EEUU y China, los dos colosos mundiales. En Europa somos más civilizados, pero aún así existe cadena perpetua (o penas parecidas) en otros países. En España se implantó la prisión permanente revisable en 2015 para asesinatos de menores y personas vulnerables, asesinatos múltiples, terrorismo, genocidio y crímenes de lesa humanidad. A los que se podrían añadir las violaciones múltiples y especialmente graves, cuando sea reformado el Código Penal.

Desde 2015, sólo se ha aplicado una vez. Sin embargo, el PSOE, Podemos, PNV y los independentistas se oponen a la prisión permanente revisable. Sólo la apoyan el PP y Ciudadanos, que cambió de opinión. Los mismos que han calentado el ambiente por la última sentencia decían que no se debe juzgar en caliente. ¿O ya no lo dicen?

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