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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

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Arsenal

Su estancia en Londres, con la familia jugando al escondite, era una novela de Evelyn Waugh

En el libro Fiebre en las gradas, Nick Hornby narra 66 partidos del Arsenal, desde un Arsenal-Stoke City del 19 de septiembre de 1968 a un Arsenal-Aston Villa del 11 de enero de 1992. Discípulo de Richard Ford y Raymond Carver, compartimos la misma pasión por el fútbol. Algún día yo debería hacer algo parecido con mis memorias del Calvo Sotelo de Puertollano. "¿Qué estábamos haciendo los dos, sentados sobre una roca en un rincón de Gales, si el Arsenal jugaba ese día contra el Everton?". Los dos eran el autor y su padre divorciado. Dice que todo lo que sabe de geografía y de sociología lo aprendió en el fútbol, con un gol de su equipo le ganó él solo la guerra a Sadam Hussein.

Cuando acaban estas crónicas tan literarias del Arsenal, José Antonio Reyes era un chiquillo de ocho años, un niño que una década después se llevaría su Armada Invencible para vencer con sus diabluras a la afición del Arsenal, incluido ese cronista gamberro que limpió los ojos de sus lectores con su estilo de realismo sucio.

Triunfó en Inglaterra, pero allí se encontró el muro que descubrían todos los románticos, y que Cernuda llamó "vómito de niebla y fastidio" para referirse a los cielos de Glasgow. Jugó en la ciudad que ha mandado a tres de sus equipos a las dos finales europeas el año del Brexit. ¿Hollywood? Eso está muy lejos de Bormujos, me dijo un día el actor Juan Diego. ¿La Premier?, eso estaba muy lejos de su tierra. Reyes estaba jugando en el Extremadura de Almendralejo, el equipo donde jugaba el padre de Gordillo, que por eso se hizo paisano de Espronceda. El paisanaje de Reyes eran los Álvarez Quintero y tenía de ellos la gracia y el desenfado en el juego.

Se fue a Londres sin saber inglés, como los ingleses cuando vienen al mundo. Su fútbol era puro esperanto. Una de las veces que fui a su casa de Montijo a entrevistar a Caballero Bonald terminamos hablando de Reyes, de que se había llevado a su familia a Londres y que mientras él se iba a los entrenamientos lo esperaban jugando al escondite. El poeta y novelista me dijo que allí había una novela. Una obra maestra de Evelyn Waugh. Cuando llegó al Arsenal, refutó lo que escribe Hornby: "Somos el equipo más aburrido de la historia universal". Lástima que la velocidad le diera alcance, como la caza de los versos de San Juan.

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