Postdata

Rafael Padilla

Arrecia la tormenta

EN estos días de penurias y de pánico, intentar reconfortarse, buscar signos de salud en la España nuestra que huele a cadáver, es un acto de altísimo riesgo. Nada o casi nada alienta la esperanza. Los presagios son funestos, las expectativas nulas y la confianza mínima. Empezamos a sentir en carne propia el fin de un sueño. Observamos a los que nos gobiernan y sólo vemos en ellos la inercia estúpida de quienes todavía aguardan la dudosa suerte de un milagro. Faltan ideas, falta capacidad y falta sentido de la responsabilidad. Siguen en esa mísera dinámica partidista que se autocomplace en calcular cuánto daño causará al adversario el derrumbe que se acerca. Como si fuera posible alguna "victoria" democrática construida sobre los restos de tan gigantesco naufragio.

La semana nos deja noticias pavorosas, previsiones y datos que helarían la sonrisa del más optimista. Anuncia Expansión, por ejemplo, que ya no quedan fondos para rescatar bancos y cajas en apuros. La ineludible "reestructuración del sistema financiero" ha agotado sus primeros 12.000 millones y para lo que queda -el coste total se cifra entre 14.500 y 35.000 millones- no hay un euro. El recurso a la deuda -la única solución que se vislumbra- tiene un límite, necesita de una demanda ahora cada vez más recelosa y, captada, ha de retribuirse con intereses que hipotecarán nuestro futuro.

Tampoco encuentra mejores perspectivas el problema del déficit en el gasto público. A los barones del PSOE, más allá de maltratar a funcionarios y pensionistas, no se les ha ocurrido otro invento que el de "pactar una subida de impuestos", un alza fiscal en bloque en aquellas regiones que administran. Cataluña al frente, pero le seguirán las demás. Y, ¿qué impuestos? Pues todos: desde el IRPF al de Transmisiones Patrimoniales, pasando por cuantos existieron o existen. Al ciudadano lo van a exprimir como a un limón. Todo antes que reconocer la irracionalidad de un modelo de Estado que, aunque les garantiza la mamela, nos está empujando al abismo.

Se alarga también -los interlocutores sabrán por qué- la inaplazable reforma laboral; las agencias de rating nos miran con lupa (y hasta nos hacen el "favor", gracias ministra, de apalearnos en festivo); la Bolsa "registra la mayor caída desde la quiebra de Lehman Brothers"; "las aseguradoras -informa Cinco Días- tienen 27.000 millones de euros en deuda española" (lo que seguramente provocará un aumento generalizado de primas); y, para acabar, según El Economista, se aproxima la gran traca: llega la hora de pagar los intereses de la deuda y, hoy por hoy, no hemos averiguado cómo. Más de 8.000 millones el 18 de junio, casi 7.600 el 23 de julio y 16.100 ocho días más tarde, el 31.

Menos mal que después -si es que hay un después- llegarán las vacaciones y al inepto lo encerrarán en Doñana. Quizá así podamos permitirnos un pequeñísimo respiro.

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