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Eduardo Jordá carlos colón

Antifascismo de pacotillaNo se apropien del antifascismo

En España no hay fascistas que cuestionen el funcionamiento democrático de las institucionesTrasladar la lucha contra el fascismo en los años 30 al Madrid de hoy es grotesco, si no canallesco

Un día de abril de 1940, el lingüista ruso Roman Jakobson -que era judío y estaba refugiado en Noruega- tuvo que salir huyendo de los nazis, que acababan de invadir Noruega. Un obrero socialista escondió a Jakobson en un ataúd y lo llevó en un carro hasta la frontera sueca, mientras la mujer de Jakobson fingía ser la desconsolada viuda que lloraba en el pescante. Más o menos por las mismas fechas, otro judío, el escritor polaco Stanislaw Jerzy Lec, logró salir de un campo de concentración nazi disfrazado… ¡de oficial nazi! Lec nunca quiso hablar de esta historia, pero todo parece indicar que logró matar con una pala a un oficial nazi y así pudo conseguir el uniforme y salir del campo por su propio pie. Hay quien dice que incluso se permitió desearle un buen día a los guardias de la garita (Lec hablaba perfecto alemán).

Como ellos hubo millones de personas en toda Europa que conocieron el fascismo y el nazismo. Y lo mismo ocurrió en España, donde hubo centenares de miles de personas que fueron asesinadas y encarceladas por el simple hecho de ser una persona sospechosa o un enemigo del régimen franquista. Esas personas sí que supieron cómo era el fascismo y cómo se las gastaba con sus enemigos o incluso con los tibios y los desafectos, que también eran considerados sospechosos y que por ello debían ser vigilados y marginados, tanto en el trabajo como en su vida de cada día.

Por eso da tanta rabia -y tanta risa- que haya gente supuestamente adulta, y que encima gana más de 60.000 euros al año pagados con dinero público, que se atreva a hablar de fascismo y de antifascismo (o incluso de nazismo), cuando el único fascismo que han visto en su puñetera vida ha sido en una película de Tarantino -Malditos bastardos, por ejemplo- o en una novela sobre la guerra civil. Es asombroso. España es un país que cumple con todos los requisitos de una democracia avanzada. Tiene ultraderecha, sí, igual que tiene ultraizquierda e independentistas etnicistas que se niegan a vacunar a los guardias civiles que viven en su región porque los consideran bestias infrahumanas. Pero aquí no hay fascistas que cuestionen el funcionamiento democrático de las instituciones, así que proclamarse antifascista -y más cuando se gana más de 60.000 euros al año- es un gesto ridículo. Y triste. Y patético. Y aburrido, muy aburrido.

ENTRE fascismo y antifascismo no hay neutralidad". Lo ha dicho un Gabilondo cada vez más perdido de sí mismo. La estrategia 1934/1936 del PSOE sigue adelante y el ex moderado profesor la asume con entusiasmo. Se trata de convencer al electorado madrileño de que solo hay dos opciones: votar al PSOE y sus nuevos mejores amigos de la extrema izquierda populista o al fascismo. Representado por un PP que según Marlaska es "una organización criminal" y según el BOE, el responsable de un "sistemático desmantelamiento de las libertades". Como si por la calle de Alcalá desfilaran camisas azules ondeando yugos y flechas. Los madrileños que no le voten ya saben lo que son: fascistas. No hay término medio. No hay opciones. Gabilondo o fascismo.

En su frenesí Gabilondo ni siquiera tiene en cuenta la realidad histórica. Insulta con su frase a los actuales votantes del PP, pero también a muchos antifascistas que no fueron ni socialistas ni comunistas. ¿Ha leído este hombre a Manuel Chaves Nogales? Ni tan siquiera en los años 30 el socialismo y el comunismo fueron las únicas fuerzas que se enfrentaron al fascismo. Baste recordar a Inglaterra, no casualmente el país en el que Chaves buscó refugio para seguir luchando, resistiendo sola tras la caída de Francia.

¿Que entre fascismo y antifascismo no puede haber neutralidad? Que se lo pregunte a su nuevo amigo Pablo y a su mini yo Garzón. Sí la hubo. Y comunista. Entre agosto de 1939 y junio de 1941 los comunistas, en virtud del pacto Molotov-Ribbentrop, fueron neutrales permitiendo que los nazis devoraran Europa. Y no solo los soviéticos. Aquel agosto del 39 L'Humanité publicó que "el pacto de no agresión entre la Unión Soviética y Alemania reafirma la paz" y Thorez, jefe del PCF, tras desertar del ejército francés para irse a Moscú, anunció "un pacto de amistad franco-soviético que sea el complemento del germano-soviético". El PCF no se sumó oficialmente a la resistencia hasta la ruptura unilateral -lo rompió Hitler, no Stalin- del pacto nazi-soviético en junio de 1941. Después, solo después, lucharon heroicamente contra el nazismo.

Ni siquiera entonces, señor Gabilondo, el antifascismo fue patrimonio exclusivo de la izquierda. Churchill y De Gaulle -antinazis desde la primera hora-eran conservadores. En cuanto a lo de trasladar la lucha contra el fascismo al Madrid de hoy es grotesco, si no canallesco.

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