Crónicas del retornado

Guillermo / Alonso / Del Real

Año ¿nuevo?

Pues sí, entramos en un nuevo año, lo que no garantiza en modo alguno que vayamos a adentrarnos en un año nuevo, un año distinto.

Pese a ello, lo celebramos casi todos de una forma o de otra. Unos, en familia, repitiendo casi literalmente la celebración navideña; otros, hacinándose en plazas, como la Puerta del Sol. En el peor de los casos, tocados con un gorrito colorado de Papa Noel o, aún peor, con unos absurdos cuernecillos de alce fosforescentes. Hay quienes acuden en tromba a esas peligrosas macrofiestas urbanas, que digo yo que alguna gracia tendrán, pero yo no se la encuentro, a decir verdad. Antes se celebraban cotillones, también en Chiclana, pero creo que cada vez son menos, pese a que se nos quiera convencer de que la economía se ha recuperado, porque esas fiestas costaban un pastón y para mi que no está el horno para bollos.

En Chiclana ha habido hasta una nevada artificial, para disfrute de la chiquillería y para satisfacción de los amantes de cualquier diversión gratuita. Esto de asociar las fiestas de Navidad y Año Nuevo con la nieve no deja de ser bastante chusco para estas latitudes, en las que ni los más ancianos del lugar recuerdan un solo copo natural. Lo mismo sucede con los abetos, que nunca se han dado bien por aquí. Sí los pinos mediterráneos, aunque a lo largo de los años y por mor del ladrillo, han sido confinados en estrechísimas reservas, cual si de levantiscas tribus indias del lejano Oeste se tratase. Está claro que estas fechas han sido colonizadas culturalmente por potencias más o menos nórdicas. A mi personalmente eso de la nevada municipal me parece francamente estrambótico, dicho con todo el mayor respeto posible.

Dejemos el tiempo meteorológico, que de momento exigiría unas lluvias que no llegan ni a la de tres, y volvamos al otro, al del supuesto cambio de ciclo anual.

Agustín de Hipona, un sabio bastante perplejo en según qué cosas, decía: "¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, yo lo sé; pero si alguien me lo pregunta, entonces no lo sé." Kant, que era una persona bastante categórica en sus apreciaciones, estimaba que el tiempo no existe como una realidad en sí exterior a nosotros, ni como algo que tienen las cosas en movimiento, sino como una manera de percibir propia del hombre. El tiempo existe en cada uno de nosotros como una forma de ordenar nuestra experiencia interna. El tiempo no es una idea obtenida por abstracción a partir de la observación de los acontecimientos, no es un concepto empírico, sino una estructura necesaria para cualquier observación. El tiempo es la posibilidad que hay en nosotros, en cuanto observadores, de percibir los acontecimientos.

Total, que el cambio de año en sí no supone que algo vaya a modificarse o cambiar, porque depende más bien de cada quisqui, sea a título individual, como supone don Manolito Kant, o a título colectivo. Así el año entrante será como los veleidosos seres humanos decidan que sea. ¡En buenas manos está el pandero!

Las perspectivas de cambios profundos en Chiclana, en España y en el Mundo no parecen, de momento, muy halagüeñas. Aquí no parece que la economía y la sociedad locales vayan a experimentar un giro copernicano. Arrastramos una inercia económica de difícil solución a la que han de enfrentarse agentes públicos y privados de dudosa eficacia. La falta de trabajo y la economía más que sumergida, pelágica, siguen afligiéndonos. No es necesario ser pesimista ni optimista para realizar tales apreciaciones. Simplemente, no hay más cera que la que arde.

España afronta el 2016 en una situación política más que complicada. Preciso es reconocer que algo se ha movido en este País, que el monótono carril por el que circulaba la res pública se ha diversificado en nuevos ramales, guste o no guste. Eso, en principio, no me parece malo, porque la inmovilidad es lo más parecido a la muerte y uno ama la vida. Claro que en términos más prácticos e inmediatos, parecemos abocados a un nuevo proceso electoral, que todos parecen rechazar muy enérgicamente, pero todos en la práctica andan empecinados en lograr por absoluta falta de intención de hablar en serio. Tiempo al tiempo.

En términos mundiales o globales, para muestra un botón: todas las grandes capitales europeas han sufrido un espeso e intimidante blindaje en sus festividades de fin de año. ¡La amenaza del terrorismo islámico! Existe, claro que existe, pero tampoco estaría mal recordar que de aquellos polvos vinieron estos lodos. Que las disparatadas actuaciones bélicas en Irak, en Afganistán y demás aventuras políticas y, sobre todo, económicas han alimentado el crecimiento exponencial del yihadismo. Siguen mandando los que mandan y para mi que sólo aciertan para sus propios intereses.

Pese a todo, amigos chiclaneros, deseo estar equivocado y os deseo lo mejor para este 2016 que entra.

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