Tribuna libre

José / Macías / Martín

El Año Jubilar de la Misericordia y las HH y CC

Próximamente, es decir, a partir del comienzo de la santa Cuaresma, la junta de gobierno de cada hermandad, en cumplimiento de lo que establecen sus estatutos, celebrarán los cultos en honor y gloria de sus venerados titulares, de una manera extraordinaria y solemne, montando altares de cultos que, en algunos casos, suelen ser verdaderas obras de arte efímero.

Dichos cultos, que suelen ser preparados con mucho amor y esmero, todo ello para que cause la admiración y la devoción a los sagrados titulares y también para que durante la celebración, se cumpla, con todo rigor la belleza de la liturgia, que viene a ser como un anticipo de la belleza suprema (Benedicto XVI).

Estos cultos suelen culminar el domingo, en que tiene lugar la solemne función principal de instituto, uno de los días especiales de la hermandad, porque suelen asistir muchos hermanos e incluso familias al completo, luciendo sus mejores galas y sobre el pecho, la medalla de la hermandad, como símbolo de su pertenencia a la misma.

Y al término de la solemnidad de la función principal, los abrazos, los saludos, los comentarios de la solemnidad de la liturgia, de la belleza de los sagrados titulares, de la magnificencia del altar de cultos, y, por encima de todo, nuestro amor y devoción a quienes nos convocan, que son Jesús y María, nuestros guías en el caminar diario de nuestras vidas. Es como una explosión de luz, de amor y de caridad fraterna.

No obstante la importancia de lo anteriormente expuesto, sería muy de valorar que este Año Jubilar que habremos de vivir, se viviera de forma verdaderamente extraordinaria, como una singular oportunidad de renovación de nuestra fidelidad a los titulares y de nuestro compromiso y testimonio cristiano-cofrade, en medio de una sociedad cada vez más descreída y alejada de Dios. Este debería ser nuestro auténtico propósito, teniendo presente que vamos a entrar en un tiempo de conversión y renovación.

A mayor abundamiento, el magisterio de la Iglesia nos recomienda que recemos la oración de este Año Jubilar, para que pidamos al Señor, según se dice en el texto, que nos conceda a cada uno de nosotros que "escuchemos como propia la Palabra que dijo a la Samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios!". Y también para que su "Espíritu nos consagre con su unción, para que el Jubileo de la Misericordia sea una Año de Gracia del Señor".

Así, pues, consideramos importante que todos los que decimos que somos seguidores del Señor, deberíamos mostrar el rostro misericordioso de Dios, haciendo presente su Reino en nuestra sociedad.

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