las dos orillas

José Joaquín León

Andalucía no pinta nada

LA decisión de conceder la Capitalidad Cultural Europea de 2016 a San Sebastián es un fenomenal error. Primero, por lo de permitir que Bildu, desde la Alcaldía donostiarra, administre un chorro de millones para el evento. Y aún más importante, y menos denunciado, por el agravio que esa decisión supone para Córdoba y para toda Andalucía, en general. Es bochornoso que España haya tenido cuatro capitales culturales europeas (Madrid, Santiago de Compostela, Salamanca y ahora San Sebastián), sin que ninguna haya recaído en Andalucía, que es la comunidad autónoma con más patrimonio cultural de España y la más importante en lo cuantitativo (número de habitantes), aunque no en lo cualitativo, porque sus políticos no la dan a valer.

Si Madrid, Cataluña o el País Vasco tuvieran la mitad del patrimonio cultural, los poetas, los pintores y los músicos de Andalucía a lo largo de su historia, a ver quién sería el guapo o la guapa que osaría discutirles una Capital Cultural Europea. ¡Ay si Séneca, Averroes, Maimónides y Góngora levantaran la cabeza! Córdoba, como otras ciudades andaluzas, tiene argumentos históricos, además de un afán por abrirse a los nuevos vientos culturales. Simplemente por su Mezquita-catedral y por haber sido enclave donde coincidieron las tres grandes culturas monoteístas, ya tenía Córdoba suficientes méritos. Si le faltan equipamientos culturales, con la lluvia de millones de euros que le dan a la ciudad elegida se podrían realizar algunos.

Pero el problema de fondo es otro. A Andalucía casi siempre le dan el timo del tocomocho con las estampitas de los premios. Eso no es por casualidad. Es porque Andalucía no tiene ningún peso político en la España de hoy. Lo que denunció Blas Infante antes de la guerra civil sigue plenamente vigente, después de más de tres décadas de democracia. Sigue siendo la comunidad con más paro. También es la más desunida y no ha dado a valer el peso numérico de lo andaluz en España, a diferencia de lo que han conseguido los vascos, con menos habitantes y mucha más influencia política, gracias al PNV y los colegas de Bildu, además de Odón Elorza.

Lo ocurrido con Córdoba debería ayudar a que los andaluces reflexionen y escarmienten. Por este camino vamos mal, luego no será el mejor de los posibles. Entiendo que para el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, parlamentario andaluz por la provincia de Córdoba, lo que ha ocurrido debe ser difícil de digerir. Demuestra que su poder de influencia en la España de hoy es nulo.

Pero no hubo sorpresas. Pasó lo único que podía pasar: la tierra de Velázquez y Murillo, de Picasso, y también de Romero de Torres, ya no pinta nada frente a los paisanos de Chillida.

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