editorial

Andalucía se empobrece

LOS datos del desempleo registrado en septiembre, conocidos a principios de semana, dibujan un panorama desolador. Peor en Andalucía que en el resto de España. Superado el listón del millón de parados, que nunca pensamos se podría alcanzar, el incremento del paro supuso un 36% del total de la subida del paro nacional, afectando especialmente al sector de los servicios, a consecuencia de la finalización de la temporada turística. Es justo que el acento y el análisis se centren en la gravedad social de este problema: muchas familias andaluzas lo están pasando mal, miles de ellas tienen a todos sus componentes en situación de desempleo, sin recursos para cubrir sus necesidades más perentorias y con cada vez más dificultades para verse favorecidos por los lazos sociales y familiares que amortiguan la crisis en nuestro país. Estos andaluces se están empobreciendo, y de ello dan fe las organizaciones humanitarias que trabajan para paliar la pobreza con más entusiasmo y entrega que medios. Pero hay otro empobrecimiento colectivo que afecta tanto al presente como al futuro de esta comunidad autónoma. El desempleo juvenil ha llegado a cifras escalofriantes, y ya no cabe atribuirlo a la escasa formación de la mano de obra joven, lógicamente más expuesta a la crisis. Decenas de miles de muchachos andaluces salen cada año de la universidad con una alta cualificación, sabiendo idiomas y habiendo cursado doctorados y realizado másteres, y se encuentran sin posibilidades de acceder al mercado de trabajo, ni siquiera en condiciones de precariedad. Buena parte de ellos semarchan a probar suerte en otros países europeos en los que hallan las oportunidades que aquí se les niegan. Otros se constituyen en una carga para sus padres, que han de continuar manteniéndolos hasta edades insospechadas. En uno y otro caso se está produciendo un despilfarro de recursos humano: la sociedad no recibe contrapartida ninguna por las inversión que ha hecho durante muchos años en esta generación sin salida. La crisis no sólo empobrece, a ojos vista, a la Andalucía de hoy. También está empobreciendo a la de mañana. Se derrocha el talento y la formación que son la base de un futuro diferente y esperanzador.

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