AMINATA Mballo ha vuelto a florecer. Es una mujer de cuarenta años que nació en un aldea apartada del Senegal. El Senegal profundo, dicen algunas crónicas. Cuando tenía dos o tres años, a ella y a otras niñas las metieron en una choza y les arrancaron el clítoris. La maldita ablación.

Esta salvajada las deja incompletas, condenadas a la ausencia de un trozo del cuerpo y con dificultades para dilatar durante los partos. Por eso murió su madre. Y precisamente para evitar que le ocurriera lo mismo, Aminata tuvo a sus dos hijos mediante cesárea.

Vive ahora en Barcelona, donde llegó hace mucho tiempo. Está divorciada del hombre con el que la casaron a los catorce años. "Lo dejé cuando empezó a contraer matrimonio con otras", cuenta ella. Y se acaba de someter a una operación de reconstrucción del clítoris. Los médicos españoles han rehecho lo que unas manos aterradoras quebraron en aquella niña. Los hábiles médicos han repoblado la carne devastada. Pero ella aclara: no lo ha hecho en busca del placer, que desconoce y ante el que siente una curiosidad que casi se adentra en el miedo; lo ha hecho para estar entera, para no seguir clamando por lo que le robaron, para dejar de sentir dolor.

Aminata vuelve de vez en cuando a Senegal y habla con las mujeres de su aldea, que han escuchado rumores que dicen que la ablación es una práctica prohibida. Pero la brutalidad se sigue llevando a cabo. La costumbre. Y las niñas siguen saliendo de las chozas destrozadas, sangrando. A quien no es mutilada la consideran impura, ni siquiera le permiten hacer la comida, para que no la contamine. Y que ni sueñe con encontrar marido. A la mujer entera la ven como un monstruo. Ella intenta convencer ahora a su hermano de que no extirpe el clítoris a su pequeña sobrina. "Si lo hace, yo misma pondré la denuncia".

Aminata es una de las 55.000 mujeres que viven en España y que provienen de países donde la ablación está arraigada. En África, a millones de mujeres les rebanaron un trozo de sí mismas. Ella ha sido noticia por haberse entregado a una cirugía de reconstrucción, pero sobre el resto pesa un manto de silencio, de desconocimiento. Usted sabe perfectamente quién fue Lorena Bobbit, la que cortó el pene a su ex marido en 1993. ¿Conocía a Aminata? ¿Conoce al resto de mujeres a las que le extirparon parte de su cuerpo, a las que exiliaron de la primavera cuando empezaban a vivir?

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