Reconforta ese abrazo que por la distancia que se ha abierto con el paso de los años se produce con menos frecuencia de lo que nos gustaría. La rutina diaria nos devora hasta el punto de que dejamos de saber de las vidas de los unos y los otros, aunque sigamos presente en ellas por todo lo disfrutado y sufrido anteriormente. Pero ese abrazo en un mediodía de un día 24 de diciembre cualquiera nos resetea, como si fuera la absolución de nuestros pecados en un confesionario, para que el paréntesis de la distancia se cierre y se vuelva a disfrutar de una buena compañía, de las anécdotas y las experiencias que nos han llevado a ser lo que somos hoy. No hace falta mucho más que unas cervezas de por medio y una buena conversación llena de risas para sentir que el vínculo sigue siendo fuerte. Y como los buenos propósitos que llegan con el nuevo año, te vas pensando que nos debemos ver más a menudo. Ojalá.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios