NO, no ha sido un sueño. Después de una larga noche de insomnio, llega el dulce despertar al comprobar que la victoria de Barack Obama en Estados Unidos es de verdad. Soñó hace cuarenta años Luther King un país en el que sus hijos no fuesen juzgados por el color de su piel, y hoy, los ciudadanos de la primera potencia mundial nos han demostrado que ni la raza, ni el nombre, ni los apellidos, ni el origen, son un obstáculo para que una persona pueda llegar a lo más alto. Tomemos nota. Hoy a Obama le llueven los amigos. Esperemos que dentro de unos meses conserve algunos cuando tenga que pasar del we can (podemos) al we do (hacemos). Él sabe que se ha convertido en un líder mundial, que se han depositado muchas esperanzas en su persona en un momento complicadísimo para su país y para el resto del mundo. A él lo hemos votado todos los habitantes del planeta, pero de manera directa sólo gobierna para los estadounidenses, que serán, lógicamente, su prioridad. Ese pueblo que, como todos, tiene cosas buenas y cosas malas, pero del que únicamente sólo nos quedábamos con las segundas. La lección de unidad y sentido de Estado que nos han vuelto a dar, primero con la elección de los candidatos y ahora con la del presidente, debería hacernos reflexionar, al menos en España. Por muchos Bush que el imperfecto sistema arroje de vez en cuando, en democracia y en tolerancia, esa joven nación nos da mil vueltas a nosotros que nos creemos tan sabios. Por eso lideran el mundo y les franqueamos el paso. Por eso, esta vez, hemos llevado en volandas a una persona a la que, tal vez, no habríamos votado en otros países. El amigo Obama, presidente de la Tierra, nos ha hecho a todos más humanos. Que Dios le bendiga.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios