La azotea

J.M. / Sánchez / Reyes

Alimentos

LLENABAN la cesta con una ilusión que provocaba escalofríos. Una vez que supieron que sólo podían elegir alimentos no perecederos, se afanaron en recorrer los pasillos del hiper como si de un concurso se tratara. "Papá, ¿vale esto?". "Papá, ¿cogemos polvorones?, no todo va a ser garbanzos". Yo los miraba con sentimientos encontrados. Pensando, reconozco que egoístamente, en la suerte que han tenido de nacer donde y con quienes, por ahora, nunca les ha faltado de nada. Tan pequeños y sin demasiada conciencia de lo que mucho que están sufriendo niños de su edad, de su ciudad, quizás vecinos, quizás compañeros, están creciendo con la palabra crisis en sus oídos. Cogían de los estantes potitos y leche que a ellos nunca le faltaron. Y yo me debatía entre el orgullo de padre, la inevitable 'culpabilidad' de vivir con cierto desahogo en estos tiempos y el asco y la pena por lo que está pasando.

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