En el curso de apenas una semana se han producido dos declaraciones que, aun partiendo de premisas ideológicas y conceptuales muy alejadas, puestas en contacto tendrían que encender muchas alarmas, no sólo en el panel de mandos de los que gobiernan esta región; también deberían preocuparnos seriamente a los que aquí vivimos. Ninguna de las dos las hizo una indocumentada, más bien todo lo contrario. La primera fue la de la ex ministra de Agricultura y actual miembro de la dirección nacional del PP Isabel García Tejerina, una mujer que durante su paso por el Gobierno de Rajoy se ganó un merecido prestigio y fama de inteligente y moderada. Como recordarán, en una frase que armó mucho revuelo, dijo que los escolares andaluces van dos años por detrás en conocimientos de los de Castilla y León. La segunda declaración la hizo el lunes en el Foro Joly, organizado por este periódico, la ministra de Hacienda y ex consejera de la Junta María Jesús Montero, que saltó al Gobierno de Pedro Sánchez con el marchamo de haber sido durante años una de las personas más influyentes de los gobiernos de Chaves, Griñán y Susana Díaz. Al final de un interesante coloquio, Montero se lamentaba de la escasa influencia y presencia de Andalucía en los órganos de decisión, tanto políticos como sociales o económicos, de Madrid. Una influencia que en los últimos años no sólo no ha aumentado, sino que se ha estancado e incluso ha disminuido.

Aunque pudiera parecer que intentamos mezclar churras con merinas, no es así. Más allá de la boutade de precampaña y de la torpeza del planteamiento, Tejerina incidía en la pésima imagen que Andalucía proyecta en España y que se evidencia en cuanto, por razones electorales o por cualquier otra, nuestra región pasa a ocupar un lugar preferente en el debate nacional. Tejerina, en lo que es un comportamiento suicida por parte del su partido, vino a ahondar en los mismos planteamientos que Ana Mato, Cifuentes, Artur Mas, Rafael Hernando y tantos otros: denostar a Andalucía cuando se quiere atacar a la Junta y ponernos a los andaluces de vagos que vegetamos a la espera de que nos caiga una paguita. Pero la caricatura que con tanto entusiasmo compra el PP en cuanto se le pone a tiro tiene una causa. En esa causa incidía María Jesús Montero: no contamos y fuera somos vistos con una lente deformada por tópicos insultantes forjados durante años, de los que alguna culpa también tendremos nosotros. Cómo para no estar alarmados.

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