La derecha consiguió anoche un resultado histórico en Andalucía. Tras 37 años de gobiernos socialistas de la Junta de Andalucía, por primera vez se ha logrado una mayoría parlamentaria que abre la puerta a un Gobierno de coalición entre PP, Ciudadanos y Vox. Lo que nunca consiguieron las derechas agrupadas bajo unas siglas monocolor lo han logrado fragmentadas en tres formaciones que representan sensibilidades muy diferentes. Dándole la vuelta al refrán tradicional, podemos decir que, en la derecha, la división hace la fuerza. La vieja idea aznarista de que sólo con un partido fuertemente unificado y dirigido con mano de hierro se puede derrotar al PSOE saltó por los aires. A la diestra le va la biodiversidad, la pluralidad, el policentrismo y todas esas palabras tan de moda en el discurso imperante. La dura batalla mantenida entre PP y Cs para hacerse con la hegemonía del centroderecha en Andalucía, lejos de debilitar sus posibilidades, las ha potenciado hasta llevarles a las puertas del poder. Ya sólo queda empujarlas, entrar y sentarse en el sillón. Nadie, absolutamente nadie en el electorado azul, naranja y verde comprendería que no se aprovechase esta oportunidad para desalojar al PSOE de San Telmo. Lo resumían ayer los gritos eufóricos de los militantes de Ciudadanos: "¡Ahora sí!". Las intervenciones de Juanma Moreno y Juan Marín no dejaron lugar a dudas: Goodbye PSOE.

Vox fue la gran sorpresa. Ni los más optimistas esperaban 12 escaños. Como muchísimo, se hablaba de seis o siete. En parte, el trabajo sucio se lo ha hecho una izquierda que hizo lo posible por colocarlo en el centro del debate mediático y político en los últimos tiempos. Querían debilitar al PP y le han dado la prótesis que necesitaba para llegar a la Presidencia de la Junta. Ahora viene el rechinar de dientes. Sólo una reflexión al respecto: el partido que pactó con los amigos de ETA y con los independentistas catalanes para quitar a Rajoy de la Presidencia del Gobierno no tiene derecho a poner cara de reina ofendida ante el pacto de las derechas.

La gran derrotada de ayer fue Susana Díaz, cuya carrera política queda seriamente comprometida. Su discurso de anoche, llamando a un Gobierno de concentración para frenar a Vox, fue una llamativa muestra de impotencia. Pedro Sánchez sacó el champán de la nevera. Su gran enemiga está gravemente herida. Sin embargo, el próximo puede ser él. Nos esperan tiempos convulsos. Abróchense los cinturones.

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