Ignacio González Dorao

Publicitario

Ahora nos toca a nosotros

Más de un mes de estado de alarma. Horas y horas en casa. Empresas paradas. Millones de Whatsapps. Cientos de memes. Decenas de videoconferencias. Hemos aprendido a lavarnos las manos, hemos dejado de abrazarnos y hemos salido todos los días a las 8 a los balcones a aplaudir. Balcones que se han convertido en escenarios de la poca vida callejera que hemos podido tener, donde se han representado obras de teatro, se ha cantado ópera e incluso se han grabado programas que luego se han hecho virales en la Red. Esa Red sin la que ahora parece que no podemos vivir.

¡Que de cosas en poco más de un mes!. Quién nos lo iba a decir. Y lo que nos queda, que nos respondería un contertulio de barra (ay, los bares, como los echamos de menos…) Pero ya parece que empieza a vislumbrarse una luz al final del túnel. Se escuchan noticias de desescalada en países que han tenido menos daños que nosotros e incluso se plantean desescaladas por autonomías, provincias, ciudades e incluso barrios. Complicado va a ser.

¿Y cuando todo esto termine, que? Porque, como dicen muchos eslogans de estos días, “esto pasará”. Si, y luego, ¿que? ¿Volveremos a nuestras rutinas? ¿Repetiremos las mismas dinámicas? ¿Querremos que el mundo sea igual que era? ¿Pensaremos que esto ha sido un mal sueño y ya está? En resumen, ¿repetiremos los mismos errores?

Pienso que eso sería lo peor que podría pasarnos, que no hubiéramos aprendido nada. No tengo información, ni seguramente conocimiento, para saber si esto ha sido un castigo de la Madre Naturaleza o si ha sido parte de un gran plan de alguien. Si han sido los chinos, los rusos, los americanos o si esto era el fin de la civilización que predecían los mayas para el final de siglo (se les ha ido el cálculo un par de decenios, pero tampoco creo que se les pueda echar en cara) Y sinceramente, en este momento, no creo que esa sea la pregunta. Creo que la pregunta importante es ¿hemos aprendido la lección? ¿Sabremos reaccionar y mejorar? ¿Nos hemos dado cuenta de que no somos infalibles ni ultrapoderosos?

Espero que si. No soy una persona que tenga gran confianza en la raza humana, vista la trayectoria que llevamos, pero sinceramente quiero pensar que de este “cosqui” a nivel planetario, tenemos que aprender. Si no, mal lo llevamos. Y una vez concedido a la humanidad el beneficio de la duda y asumido que vamos a aprender de esto, surge otra pregunta, quizás más transcendental: ¿qué hacemos para arreglarlo?

Se ha escrito mucho estos días sobre la responsabilidad de los gobiernos. Y naturalmente que la tienen. Y tendrán que modificar cosas. Y algunas empresas, que también deberán corregir ciertas dinámicas que perjudicaban al planeta y a la humanidad en general. Pero quiero pensar, y de eso trata este artículo, que la máxima responsabilidad la tenemos las personas. Cada uno de nosotros que esta leyendo este artículo. Porque somos nosotros, como votantes, los que hemos llevado a los órganos de poder a los responsables de gobierno, en todo el mundo. Y somos nosotros, como consumidores, los que consumimos los productos y servicios de esas empresas y los que por tanto, directa o indirectamente, fomentamos sus dinámicas.

Personas que formamos familias, comunidades, regiones, países y civilizaciones. Y que tenemos, y muchas veces no lo sabemos, un inmenso poder. Más como consumidores que como votantes, desde mi punto de vista. Porque votar, votamos cada 4 años (bueno, últimamente casi cada fin de semana), pero consumir, consumimos todos los días y a todas horas. Y ahí es donde tenemos un poder que generalmente desconocemos.

Me dedico a la publicidad. Y he querido firmar este artículo como publicitario, porque me encanta mi profesión y estoy orgulloso de ella. Y precisamente por eso, pienso que tengo cierto conocimiento de causa. Y percibo continuamente ese poder que tiene el consumidor y que, generalmente, desconoce. Lo percibo cuando veo las grandes cantidades de dinero que emplean algunas empresas en analizar tendencias de consumo, y como se dirigen grandes campañas a determinados perfiles de consumo modificándolas inmediatamente al percibir cambios en esos hábitos.

Siempre ha sido así. Nos guste o no, estamos en una sociedad de consumo y somos consumidores. Pero con la llegada de las tecnologías, nuestra capacidad de influencia se ha multiplicado exponencialmente. El problema es que nuestra percepción de este hecho no ha evolucionado en la misma proporción. Nos escandalizamos cuando leemos la noticias de que el gobierno considera lícito geolocalizarnos con el móvil, aprovechando el estado de alarma. Pero no somos conscientes de que llevamos años siendo estudiados a través de nuestros hábitos de consumo. Seguramente Google sepa más de nosotros que ningún gobierno del mundo y Amazon nos conozca mejor que nuestras propias madres. Pero seguimos consumiendo sin pensar mucho lo que hacemos ni las consecuencias de nuestros actos.

Quizás esa sea la lección que deberíamos sacar de todo esto. O por los menos, una de ellas. Tenemos un tremendo poder como consumidores y nuestros actos de consumo “moldean” dinámicas de empresas, de corporaciones y puede que incluso de gobiernos. Quizás sea el momento de revisar qué y cómo consumimos. Si determinados consumos perjudican al planeta o a regiones del mismo. Si preferimos favorecer, con nuestro consumo a grandes corporaciones, o a pequeños comerciantes de nuestro barrio. Si queremos que el beneficio que genere nuestro consumo vaya a nuestra región o a países muy alejados del nuestro.

Nada más lejos de mi intención que juzgar a nadie por sus hábitos de consumo. Cada cual es libre de consumir como quiera. Pero seamos conscientes de lo que hacemos. Pensemos a la vez que consumimos. Porque podemos hacerlo, no hay excusa. Vivimos también en la sociedad de la información, y la tenemos en la palma de la mano, si queremos verla. Con la misma herramienta con la que sabemos lo que ha hecho Britney Spears esta mañana, podemos averiguar toda la información necesaria para decidir nuestro consumo.

Hablaba al principio de este artículo de las muchas cosas que han cambiado en este ultimo mes. Otra de ella es que hemos descubierto grandes héroes en profesiones en las que antes no nos fijábamos o que incluso eran atacadas por algunos. Enfermeros, médicos, bomberos, policías, militares y sanitarios son ahora héroes para todos

nosotros. Y es cierto. Pero quizás su heroicidad no tenga un gran recorrido si cuando termine todo esto y volvamos a la “normalidad” no recogemos nosotros, los consumidores, la responsabilidad de convertirnos en héroes y continuar con la labor que ellos han realizado.

Ahora, cuando todo esto acabe, nos toca a nosotros, los consumidores, arreglar el mundo.

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