Calle Real

enrique / montiel /

Agua al vino

Semanas después de que nos manifestáramos pacíficamente por las calles de La Isla para pedir que el Hospital de San Carlos fuera de San Fernando, mucho me temo que unos y otros echan agua al vino, enfrían el meteorito. ¿Confluencia de intereses? Lo cierto es que arrancado el compromiso a Defensa de entregar la totalidad sin carga alguna a la Junta de Andalucía, nos da la impresión, que ojalá no sea la correcta, de que ésta va a demorar todo lo que pueda la recepción y puesta en marcha de este centro hospitalario demandado por la ciudad.

Nadie podrá decir que la ciudad hizo "escrache" a la Junta. Salimos todos desde la puerta del hospital naval y cogimos el camino recto a ese Ayuntamiento fantasmagórico que fue nuestro palacio municipal. Nos detuvimos en la plaza sin arreglar y allí soltamos globos blancos al aire y oímos discursos más o menos sentidos, más o menos acertados, más o menos... Semanas después hubo alguna reunión de foto y no sé si se ha adelantado algo, se han empezado a dar los pasos oportunos para que podamos nacer o morir en San Carlos. Los cañaíllas, digo. Y todos los demás que sean de menester.

En la pancarta de cabeza estuvieron todos. Loaiza y Cavada, Pedro Reyes, andalucistas y ciudadanos, asociaciones de vecinos, colectivos varios (que se dice). Bueno sería que se reunieran de nuevo, que convoque el alcalde Loaiza a todos para informar y ser informado del estado de esta cuestión que no es pequeña ni debemos permitir que se enfríe o se diluya en el marasmo de otras noticias preocupantes. Digo que no digo que sea importante que la Casa Real haya encargado a Roca la defensa jurídica de la Infanta, ni que merezca tantas horas de chismografía mariquita o espacios televisivos o periodísticos, digo que las isleñas no pueden todavía parir en San Carlos, ni los cañaíllas podemos morir allí, o ser salvados. Semanas después de que todos fuéramos a la plaza del Rey a pedir democráticamente que un hospital construido con dinero público (insistimos: dinero del público, nuestro) y sostenido con dinero público, el hospital naval de San Carlos, no se haya movido lo más mínimo. Que sepamos. O sea, mi apreciado Fernando López Gil y mi querida amiga Patricia Cavada tienen ahora mismo en su tejado una pelota que no debería entenderse como caramelo envenenado ni éxito del alcalde Loaiza sino triunfo de la ciudad que recupera un solar, un edificio, una infraestructura para el estado de su bienestar, el Hospital de San Carlos de San Fernando.

Agua al vino. Eso nos parece que están haciendo. Y Pascual, con sus artículos entre crípticos e inquietantes, nos lo recuerda de vez en cuando en estas páginas. No sé qué relación tiene el confuso e inexplicable hospital de la Janda con este regalo que le ha caído a la Junta en forma de donación de un verdadero hospital, ya hecho, para que una ciudad de 100.000 habitantes pueda utilizarlo como la justicia y el buen juicio exigen.

Solo espero que esta vez no triunfe la fatalidad sobre La Isla.

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