La hache intercalada

Pilar Paz Pasamar

Adviento

NOS situamos ya en el tiempo litúrgico de la buena esperanza, según se decía antiguamente del tiempo de las gestantes, ese estado de preñéz que para algunas mujeres constituye una etapa ardua y para otras un estado transitorio perfecto, cálido y revitalizante. La Madre Iglesia nos conduce y incita a mantener una actitud esperanzadora y alegre. ¿De dónde vamos a extraer, se preguntarán algunos ante los acontecimientos, esa dosis de esperanza y alegría? Una de las efectivas determinaciones sería la de no contemplar con detenimiento la pantalla de TV a la hora de los informativos, y otra, la de procurarse más tiempo para la lectura sosegada de buena factura y cierta inspiración poética. A la Madre Iglesia se le ha perseguido siempre, a pesar de haber pedido disculpa por sus errores. Pero ha habido peores tiempos y está curtida en el aguante, aunque se pronuncie de vez en cuando contundentemente. La buena relación entre eclesiales, y laicos en la España de hoy que es o debiera ser, como acordaron los padres de la patria, aconfesional pero no laicista, se debe mantener con el mutuo respeto entre creyentes y no creyentes y aquellos que profesan otra religión y viven con nosotros. Y es en este tiempo cuando el cristiano-católico, está llamado a obrar y hacer patente que, pese a los fallos humanos, existe la intensa felicidad interior que genera la esperanza, y la de estar embarazados de ella, ocurra lo que ocurra. Es una alegría que tiene, por contraste, el símbolo de una cruz donde pende un ajusticiado. Pero aún sin signos -aunque no puedo imaginar que ocurra- el creyente poseería la suficiente gracia para encontrarla. Aunque se eliminasen todos los templos, las espadañas, las obras de arte que aludieran al tema, las obras, las escrituras, la música de siglos, los signos, las fechas, la datación de las eras, y convirtieran a la civilización cristiana en algo obsoleto o perdido en el tiempo, los versículos de adviento se abrirían en cada Diciembre y una estrella guiaría los pasos de la grey creyente hacia el misterio de la Natividad . Porque la señal y la presencia divina está en el rostro y la vida de su semejante, en el de cada hombre y cada mujer, en el de cada niño y cada anciano. Y en una noche luminosa culminará el Adviento, y la antropología, el cosmos, la ciencia y la intuición del hombre recibirá a un pequeño recién nacido, hecho carne en las entrañas de María, y cantará que el Verbo se hizo carne y habita entre nosotros.Como solemos cantar cada año.

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