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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Abusos en la factura de la luz

La Comisión del Mercado y la Competencia oculta el nombre de las compañías abusonas debilitando a los consumidores

Llenar el depósito de gasolina del coche costaba 60 euros en enero. Ahora cuesta 70. Y no podemos hacer nada mientras dependamos del petróleo. La luz nos costaba 99 euros el megavatio el 2 de julio. El 26 de agosto nos costó 122. Algo podemos hacer para frenar tanta subida, y tan seguida, aunque no sea tan fácil como se cree Alberto Garzón.

Pero sí que se pueden evitar los abusos en la gestión del suministro de energía eléctrica, que me atrevo a considerar que es el problema número uno de la mayoría de los españoles, más que Afganistán o Cataluña. Abusos, sí. Algunas empresas comercializadoras han aprovechado la entrada en vigor, el 1 de junio, de las nuevas tarifas de la luz (punta, llano y valle) para encarecer el producto. Hasta un 30% más de lo que les correspondía por la nueva normativa de tramos horarios que nos invita a encender lavadoras y lavavajillas de madrugada.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha descubierto que algunas distribuidoras y comercializadoras de luz facturaron indebidamente de más a sus clientes. Pero sus poderes son tan limitados que no puede abrir expedientes sancionadores, dice la Comisión, porque solamente ha examinado las facturas de 25 de las comercializadoras y le faltan 18 para completar el trabajo. Pero, agárrense, se niega a dar los nombres de las compañías infractoras y abusonas. Aquí no se respeta la presunción de inocencia de cualquier delincuente de medio pelo y la Policía da nombres y apellidos, pelos y señales, sin haber sido ni siquiera encausado, y en cambio estas empresas poderosas pilladas in fraganti en práctica ilegales se ocultan a la opinión pública. De esta forma se perjudica a las empresas que sí han cumplido escrupulosamente con su deberes jurídicos y, sobre todo, a los consumidores, que no pueden reclamar ante un infractor cuya identidad se les oculta. No pueden, y tampoco saben en muchos casos, dada la complejidad y enrevesamiento de la factura que cada mes los castiga (se me ocurre una idea para Garzón: un texto sencillo del Ministerio de Consumo explicando la factura y el modo de deshacer el abuso sufrido).

Nada que ver con los organismos supervisores del mercado que vemos en las películas norteamericanas. Suelen ser potentes, rigurosos, independientes y valientes. Creo que los expertos y funcionarios de la Comisión española lo hacen lo mejor que pueden, pero es indudable que su trabajo no resulta efectivo para millones de ciudadanos estafados en un mercado tan regulado como el eléctrico. Oscura luz

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