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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Aburridos

España no está al borde del precipicio, sino de unas elecciones generales que la devolverán al bipartidismo

Qué opinaría Julio Camba de la situación política actual? Probablemente se acodaría en la barra del Palace y pediría otra entre suspiros de tedio y rencor por lo mal que le había tratado la II República. El aburrimiento es una enfermedad inherente a la labor del cronista político de las democracias, por eso suele recurrir a las metáforas bélicas, taurinas o conyugales (mundos fronterizos), para darle un poco de emoción a lo que suelen ser un puñado de bajas pasiones, egos y maniobras rastreras. Se lo dijo el corresponsal del The Economist, Michael Elliot, a los mexicanos: "Cuando ustedes se vuelvan aburridos serán democráticos". Pero el periodismo tiene la obligación de envolver en emoción el pescado hervido de la actualidad. El otro día, un reconocido cronista hablaba sin atisbo de ironía del "precipicio" electoral. Exageraciones. Los únicos que están en el borde del barranco son Pablo Iglesias y Albert Rivera, pero los otros dos, Sánchez y Casado, tienen sueños felices y regresivos. España, al parecer, volverá al bipartidismo, a papá y mamá, se acabó el poliamor político que nos trajo la crisis. Como mucho, alguna cana al aire con el PNV, un amante que huele a pachuli y bebe Peppermint con el meñique erecto, pero que nunca falla. Ese, al menos, es el cálculo por el que se está empujando al país a un adelanto electoral.

Las elecciones, lejos de ser un precipicio, pueden ser la solución. No se entiende el porqué de los temblores. Cierto es que, en noviembre, nos podemos volver a topar con unos resultados similares a los actuales. También que, al salir de casa, hoy nos mate una maceta de geranios de la vecina. Son los riesgos de la existencia. La vida y la política, pese al inevitable aburrimiento, tienen algunos momentos de cierta emoción. Hasta Camba, en la barra del Palace, sacudía su tedio al recordar su juventud anarquista o aquella botella de Rauzan-Gassiés y sus efectos. Iremos a elecciones para tener algo de diversión, pero todos sabemos que, como en la ruleta, sólo elegimos entre dos grandes categorías, rojo o negro. El tiempo de las otras opciones, el de la nueva política, el de Iglesias o Rivera, parece haberse diluido por la trayectoria errática de sus dos dirigentes: Pablo al haber cambiado su papel de regeneracionista a lo Costa por el de frentepopulista a lo Largo Caballero; Albert por sus hiperactivas y desconcertantes metamorfosis que han dejado a su electorado sin saber muy bien a qué están votando. España no está al borde del precipicio, sino de unas simples elecciones, mucho más aburridas de lo que a simple vista parecen.

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