Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

El día de la moción de censura estaba en Madrid y había ido a ver 'El increíble hombre menguante' a una sala del centro donde proyectan cine fantástico y de terror. Cada día pasan cientos de personas por delante de la agencia. Algunas se quedan observando cómo trabajamos, otras nos hacen preguntas, otras nos traen paquetes o nos piden ayuda. Hay quien trata de vendernos algo y quien viene a buscar trabajo. Hay mendigos, curiosos, extranjeros desorientados, turistas, fumigadores, técnicos informáticos, una china que lee la Biblia y últimamente muchas cucarachas. En esa especie de vitrina donde estamos expuestos, miramos y somos mirados, pero rara vez sabemos quién se esconde tras una cara que podríamos reconocer entre la multitud.

Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Cada día pasan cientos de personas por delante de la agencia. Algunas se quedan observando cómo trabajamos, otras nos hacen preguntas, otras nos traen paquetes o nos piden ayuda. Hay quien trata de vendernos algo y quien viene a buscar trabajo. Hay mendigos, curiosos, extranjeros desorientados, turistas, fumigadores, técnicos informáticos, una china que lee la Biblia y últimamente muchas cucarachas. En esa especie de vitrina donde estamos expuestos, miramos y somos mirados, pero rara vez sabemos quién se esconde tras una cara que podríamos reconocer entre la multitud.

Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Ha empezado a llover y el silencio se ha adueñado del Paseo de la O. No pasan coches por el puente ni barcos por el río. Parece que hemos vuelto a la época en que Clara y Luis compraron la casa, antes de que todo cambiara menos el pescado y las ruinas del castillo. Al rato sale el sol y con él salen los patos, sale un perro marrón, salen los turistas, salen los adolescentes y salgo yo. A mi paso, las paredes y las ventanas hablan de soledad, de respeto y de lealtad. Antes de que anochezca oigo en un bar que un piragüista ha salvado a un niño en el Guadalquivir.