Análisis

Paco Carrillo

Otra vueltecita, que no me mareo

A los más ingenuos les ha nacido una ilusión como la que alumbró González en el 82

Lo que viene pasando en política durante los últimos diez días no es nuevo; se diría que viene a ser un resumen de la Historia de la España de todos los tiempos. ¿Para que salgamos ganando todos los ciudadanos? No, para que sigan atacándose los que tienen como único objetivo el quítate tú para ponerme yo.

Esto de ahora no deja de ser una muestra de la mentira en la que se vive desde el momento en que un 0,7% de los votantes -PNV- pueda, 'legalmente', condicionar al resto y decidir el paso a un transeúnte con 84 diputados que tendrá que gobernar por decreto y con la amenaza de que sus otros cambalaches lo mantengan en tenguerengue si no paga lo acordado bajo cuerda.

Peor aún que horas después el partido derrotado haya amenazado que harán una oposición a degüello, más que para vengar el descalabro sufrido por sus torpezas, por las conspiraciones de los de enfrente, que son los culpables de todo, como siempre. Esa ha sido la táctica empleada por los corderos del PP, pero su salida no puede ser más canalla si su filosofía ha sido 'España, todo por España'. No digamos nada cuando las fieras populistas y nacionalistas constaten que la tendencia es que el nuevo gobierno pretende hacerse el sordo, mientras pueda, que no durará mucho tiempo si cumplen con su obligación de sacar a la luz y a los taquígrafos el programa salvador, circunstancia esta a la que el PSOE no ha sido proclive, lo cual convierte en pantomima lo que está ocurriendo; es decir en un tremendo disparate donde lo más evidente es que la lucha por el poder los convierte en sospechosos de traicionar al pueblo.

Quizá me precipite, pero este nuevo gobierno parece que tiene buena pinta y que con él, a los más ingenuos les ha nacido una ilusión parecida a aquella que alumbró González en el año 82. Para los escépticos con memoria quizá no tanto, aunque admitan que esta sea una coyuntura favorable para rectificar para barrer a todos los sinvergüenzas que viven del cuento. ¡Vade retro!, ¿pero cuándo se ha hablado de que el café con leche hay que tomarlo con boquerones en vinagre y con todo el hemicirco en contra?

Recordar a aquel González asomado con Guerra a la ventana del hotel Palace -imagen icónica- con miles de seguidores aclamándolos sin que aquellos neófitos socialistas de entonces pudieran sospechar que todo es susceptible de corromperse, incluso la amistad. Acaso el espectáculo de ahora les aclare -caso de que quede alguno- que lo importante es subirse al carrusel al precio que sea. La vida da muchas vueltas, no para variar, sino para permanecer, ¿verdad, señor Aznar?

Así que ya veremos si la expectación generada por el gobierno Sánchez no queda en un cartel atractivo como el de las alegres chicas de Colsada, que deslumbraban tanto de lejos que no se les notaba los costurones en las mallas ni los rellenos en los pechos. De momento, como marketing puede funcionar si desde hoy empiezan a limpiar toda la podredumbre de las cloacas, cosa imposible con tan exigua minoría y con tantas promesas en la mochila.

Hay que estar preparados. Otra vueltecita, que no me mareo.

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