Análisis

CARLOS BENJUMEDA

A vueltas con el Peprichye

El primer Plan General que se aprobó en El Puerto fue fruto de un encierro en el área de Urbanismo. Eso aseguran al menos algunos políticos históricos del lugar. Un equipo de técnicos y concejales se enclaustró textualmente en el Palacio de Valdivieso, sede de la concejalía, y no salió de su encierro hasta que tuvieron redactado el documento. Debió ocurrir como en la película de Buñuel: alguna fuerza invisible les impedía franquear el zaguán y cada vez que alguno intentaba pisar la calle se veía obligado a entrar de nuevo en el edificio. Y así hasta que consiguieron elaborar el documento, con toda su complejidad planimétrica, normativa, antecedentes históricos y memorias justificativas. Aquel primer Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) se aprobó a principios de los 90 y prácticamente de la noche a la mañana el perfil del casco histórico se llenó de grúas: muchos proyectos que aguardaban en un cajón salieron a la luz, empujados por los vientos de una economía boyante por la proximidad del V Centenario y las Olimpiadas.

Hace seis años, la ciudad aprobó un nuevo Plan General, que sustituyó al de 1992, pero el equipo redactor, dirigido por la empresa Territorio y Ciudad, tuvo que dejar en blanco el espacio del casco histórico, a la espera de que se redacte un Plan Especial de Protección que recoja la normativa aplicable al conjunto urbano. Su aprobación es obligatoria, debido a que El Puerto está declarado Conjunto Histórico Artístico (Bien de Interés Cultural) y mientras no se le dé el visto bueno toda la zona delimitada como ciudad histórica seguirá sujeta a la normativa del antiguo Plan General.

Hasta ahora, lo más llamativo del nuevo Plan Especial del casco histórico es la facilidad con que ha ido alargando su nombre; desde el PEPCH inicial hasta el posterior PEPRICH para llegar finalmente (al menos por ahora) al rimbombante PEPRICHYE, cada vez más complicado de pronunciar. Más preocupante sin embargo es que ese ejercicio retórico no se ha visto acompañado de una aprobación efectiva del documento, que parece estar siempre a la vuelta de la esquina pero por motivos que escapan a la razón queda pospuesta una y otra vez. Quizá haga falta de nuevo para sacarlo adelante una actitud similar a la de los redactores de aquel primer Plan General que tuvo El Puerto.

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