Puente de Ureña

El viejo dolor puro

Prado acaba de editar la muerte que me duele. Y el dolor intenso de familiares y amigos

El dolor es un sustituto de la creatividad. Espuela y desánimo. Me imagino al dolor como una reina abeja. La reina es la soledad. Y el dolor el alimento para los que no la aceptan. La soledad es un estado de estupor. Una niebla que envuelve el silencio de uno. Debe ser el sentimiento supremo que te habita mientras mueres. El dolor provoca estados de ánimo pero atrofia el deseo de expresarlo. Es el cansancio del silencio. La vieja apatía con sus pepitas de dolor puro en las arterias.

Escribo esto porque tengo amigos que están sufriendo con enfermedades graves, y amigos que mueren y silencios prescritos. Eso genera soledades donde los únicos amigos verdaderos son los fantasmas del pasado. No es lo mismo mantenerse alejado que estar solo. Ni el miedo que acrecienta sus proezas. Lo políticamente correcto llama a la tristeza natural de algunas situaciones depresión y usan psicólogos y pastillas. Cuando hay golpes en la vida tan serios como el viejo hundimiento en el más allá. Hace ya mucho tiempo, en Ven pureza, ven Alma, recordaba esos silencios recluidos en uno, el ansia de salir sobre las puertas ciegas, lo que llamé la incomunicaimbilidad, la vieja autodestrucción que nos ataba. Somos cortinas y quirófanos, escolleras de vidrio, ruedas dentadas, ojos callados, indefensión y miedo, la vieja flor del miedo tan oculta en un lago de lágrimas usadas. Ése libro está dedicado a Manolo Prado, que acaba de editar la muerte que me duele. Y el dolor intenso de familiares y amigos.

La vida es demasiado real para ser como tantos. Sé que la soledad es impotente cuando se enfrenta a pasiones más poderosas. (Me están doliendo amigos idos, todavía. Miguel Ríos, al que le deben calle, Elvira el otro día, José Luis Tejada, mi gran preceptor, Luis Berenguer…). El tiempo no borra sus recuerdos. El tiempo es algodón en rama, mitiga pero late en el fondo del fuego.

Amigos. Esta tarde he sentido la presencia del hado. De nuevo escribo lo que pienso cuando la sociedad te niega el derecho a pensar. O a doler. Manuel Prado descansa en paz, sea recordado para bendición, que dicen los rabinos. El dolor también da la espalda. Factus sum mihi regio egestatis, sí el reino de mis necesidades, tan intensas e internas como las de todos los que las pueden sentir, te deja caer en el recuerdo de la muerte. El viejo dolor puro de las cosas con alma. La vieja densidad que nos estigia.

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