No es envidia, de verdad que no, no he sentido en mi vida ese sentimiento en su significado de negativo, de tristeza por el bien ajeno que dice el Catecismo, no, antes al contrario, llamo lo que mi pueblo llama envidia sana, finalmente el andaluz es creador de lenguaje, y no con los ejemplos de manual, como cacería o dolor de zapatos, digo cuando oímos que a alguien le duelen los zapatos o sube para arriba y baja para abajo, tantos otros, no, de verdad, esa envidia sana que siento cada miércoles por Rafael Duarte es un preparado de admiración, sorpresa y alegría por sus columnas en esta casa. Me ha pasado durante años y años con su poesía, sus poemas en donde por lo menos un verso, ¡uno sólo!, te toca el nervio trigémino del alma, así éste de antología: …el mar de caoba del piano. Es un ejemplo, podría traer más aquí. Pero lo que quiero es decir mi lectura de sus Maitinalia y la otra, las tertulias que él comprime, resume, describe, pone en palabras con tan acabado nivel de excelsa literatura. Pienso, pues, en la ciudad, lo vengo haciendo toda la vida. Y la ciudad es también las dos tertulias a las que acude Rafael, que no sé por qué pienso que son matinales, no vespertinas. Más o menos abiertas, por lo que tengo entendido, yo las retransmitía en directo si pudiera. Salvo que el genio de Duarte sea el que eleva las simples conversaciones de un grupo de amigos a esta cima literaria que pide ya un ordenamiento, muchos hilvanes, costura y las tapas de un libro. Sería la mejor crónica de una ciudad en cierto modo desprevenida, prejubilada o pensionista del todo. En la que las grandes preocupaciones son las que desfilan por las prosas de Rafael y que estarán para siempre en la Hemeroteca de Diario de Cádiz.

No es costumbre esto que estoy haciendo hoy, coger el incensario y llenar de la mejor resina de Jordania la casa de mi vecino Rafael Duarte, escritor maravilloso, que lo sepa La Isla, un pelín cicatera, o mucho, con tantas otras virtudes que posee y que también esta Hemeroteca recoge con puntualidad. Pensando en Duarte, en La Isla, en nosotros, vi el discurso de Antonio Burgos en el día 28 con motivo de la recepción de su nombramiento como Hijo Predilecto de Andalucía, con las lágrimas saltás. ¡Cuánto se ha hecho esperar! Por eso me invisto de alcalde de San Fernando y le hago entrega a Rafael Duarte del nombramiento de Poeta Predilecto, Egregio y Genial. Deseándole que, como decía el gran Vallejo, nunca le falte la tonada, ese talento que ha recibido para extraer el mejor jugo de las palabras y hacer que emerja una Isla que refulge en su inteligencia e inspiración.

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