Puente de Ureña

Un poco de tó

Pienso que el mejor humor es la seriedad, porque el mejor humor flota entre los meandros de la tristeza o de la realidad

El humor desacraliza, desmitifica, desenmascara, desnuda de apariencias engañosas y de solemnidades vacías, pero también frivoliza asuntos serios y banaliza cuestiones graves. Uno que tiene obras de cabecera de mi admirado y querido profesor José Antonio Hernández Guerrero, disfruta de su obra ingente y halla perlas, como la que inicia este artículo, que no es ni moco de pavo ni verdad a medias. José Antonio hace amenas las frases que son cargas de profundidad.

Leía ayer también,- mi lectura es como un menú de tapas, cuatro o cinco libros elegidos para las horas de pensar- donde leo al Padre Isla, a Torres Villarroel, al que él ataca, a Quevedo con sus gracias y desgracias, a Enrique Montiel con su Próxima Estación, a…qué más da. Veo que la sátira frivoliza algo para arañarlo, es decir banaliza algo grave que duele.

La risa y la parodia en su riqueza y diversidad de pluralidades discursivas, de acuerdo con Bajtín, son manifestaciones de la plaza pública, de los mercados de abastos, de las diversiones populares. ¿Un carnaval prehistórico? También concuerda con el profesor Hernández Guerrero, nuestro Francisco Rico, quien afirma que Isla nació para la sátira, pero una sátira vitriólica, pues no hay pandemia sin muertes, ni sátiras sin polémicas.

Hoy que vivimos con leyes expeditivas contra el maltrato animal, ¿qué diría un juez progresista de esta situación? Un perro atacó a un pastor, él revolvió prontamente y con tanta felicidad, que mató al mastín con el chuzo de un varapalo que llevaba. Echáronse sobre él los pastores, lleváronle ante la justicia, acusáronle del perricidio; y el alcalde, incriminando la acción, le dijo: "Mal mirado, si queríais espantar o castigar al perro, ¿por qué no le disteis con el mango, y no con el chuzo?". "Señor Alcalde porque el perro no me mordió con la cola, sino con los dientes". Hoy serías pasto de las leyes y de los Facebook, nadie te salvaría de mordeduras sin sátiras… Ni de mascotas, mascotos, mascotes… El humor de la metáfora sería iracundia y manipulado resentimiento.

Un narrador muy olvidado, al que admiraba Berenguer, Álvaro Cunqueiro, narra las vicisitudes de un hombre que tuvo un hueso de más en el cráneo. ¿Imaginan? Su manera de narrar entre la realidad y la ficción más irreal, hace que nos sonriamos fuera de tiempo. Sonrisa intemporal.

El pobre humor que fue degenerando hasta los chistes pésimos, en España está entre las inteligentísimas parodias de Tip y Coll, luego engordados sebáceamente por Martes y Trece, hasta llegar al humor basto, degradado y consumista de los Morancos. El mismo José Mota hace chistes arquetípicos de determinadas situaciones y personajes. Así aseveraba un poetastro latiniforme tipo antipofórico, quejándose de las burlas que le ocasionaban cólicos en las tripas del cerebro cuando componía sus versos carminiformes.

Por eso pienso que el mejor humor es la seriedad, porque el mejor humor flota entre los meandros de la tristeza o de la realidad. La marquesa de Panflis decía que el humorismo era la sonrisa de una desilusión. A lo mejor acertaba con los tiempos que corren, con la gente que es.

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