Ha llegado el tiempo de la campana. Antes de que suene es necesario lanzar todos los golpes. Bajos, de efecto, a la mandíbula. Todos. Por si acaso. Es lo que tiene, lo grande tapa a lo pequeño. Y estamos en el chorreo de nombres que caen del cielo (el último el de la ex alcaldesa del PP de Jerez de la Frontera, candidata número uno por la provincia). ¿De Loaiza? Sabemos lo que sabíamos, encabezará la lista local de nuevo. Repiten Patricia Cavada y el del andalucismo. Ciudadanos no ha dicho nada todavía. Digo si Cano se pone en la lista a Madrid o vuelve a encabezar la local para el nuevo ayuntamiento. De todos modos, tras la pifia castellano leonesa del partido que venía a regenerar todo, ahora se lo miran con lupa, dos golpes tirarían el escaparate. Y se ve (salvo que sea yo sólo) un horizonte muy complicado. O sea, dos bloques también aquí. De PSOE a Podemos, de Ciudadanos a Vox. El bipartidismo ha muerto, nos dicen. Hasta que resucite, vendrán estos gobiernos. Y estas gobernabilidades. Todo muy divertido (sí, sí, hay quien se divierte viendo estos bailes) pero nadie se presta a un debate cara al público sobre lo que quisiera hacer con nuestros votos. Pactos y repartos, por supuesto, pero también cuántas calles pretenden arreglar. Y sobre todo si la poda de estos días se hará de nuevo dentro de cuatro años o vamos a tener una ciudad en donde nos crezcan los jaramagos en la cúpula del templete de la Alameda y vivamos junto a los jardines más zarrapastrosos de la antigua España imperial.

Me gusta llamar a estas cosas las cosas municipales. No se trata de grandes obras y proyectos sino el conjunto de cosas pequeñas o grandes pero domésticas, propias. El conjunto de la pequeña felicidad de sentarse en un parque con decoro, unas calles limpias, arboledas, bibliotecas con confortables salas de estudios abiertas 12 horas si fuera necesario y, en general, todas las cosas que estás pensando sin duda alguna. Desde el agua que sale por el grifo hasta el pintado de los pasos de peatones. Y más que nada la vuelta a un diálogo real, comprensivo y necesario, no olvidando nunca que la representación que ha de sentarse en los escaños del próximo cuatrienio representa al conjunto de la ciudadanía, para la que hay que gobernar. Y que esa es la grandeza de la democracia, lo que hace al sistema de representación política el bien que se necesita.

Sí, estamos entrando en el tiempo de la campana, el árbitro que somos el conjunto de los ciudadanos vamos a sumar los puntos para elegir al campeón. Separaremos la gacetilla de las ideas y haremos bien nuestro trabajo, estoy seguro.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios