Análisis

Carlos Medina

Siete años de la subasta que salvó al Cádiz CF de su desaparición

El periodista recuerda el día que 'Locos por el Balón' entró con mayoría en el club

La firma de la subasta ante el notario Carlos Cabrera. La firma de la subasta ante el notario Carlos Cabrera.

La firma de la subasta ante el notario Carlos Cabrera.

Alas 9:25 de la mañana del 3 de diciembre de 2013 llegaba, acompañado por mi hija Elena, a la notaría de Carlos Cabrera, en la calle Aurelio Sellé, s/n, donde se agolpaban ya compañeros de los medios de comunicación, redactores gráficos y cámaras de televisión. Era de todos conocido que a las 9:30 comenzaría la subasta por las acciones del Cádiz CF SAD, en posesión, de nuevo, de Antonio Muñoz, tras los continuos incumplimientos de Sinergy. Un día antes yo había entregado en la Notaría un cheque bancario de 100.000 euros, cantidad que se pedía para acceder a la subasta, que comenzaba con una licitación de 50.000 euros, por el 49,5% del capital social del club. Afortunadamente el taxi, que nos llevó de las entonces oficinas de Línea 6, en el edificio ‘El Anteojo’, hasta las cercanías de San Juan de Dios, no tuvo ningún contratiempo y llegamos 5 minutos antes de la hora señalada.

En el despacho del notario ya estaban los tres administradores concursales, Pascual Valiente, José Luis Molina y Pedro Pablo Cañada, que llevaban la gestión del Cádiz y sabían que en la mesa de la jueza mercantil, Nuria Orellana, estaba, para su firma la documentación de disolución del club por quiebra. Se realizó la subasta sin problemas, el Cádiz se salvó de su desaparición y el cadismo respiró. Al salir, informé, ante las preguntas de todos los medios, que se había realizado la subasta, a nombre de ‘Locos por el Balón’, y la noticia corrió, como la pólvora, por todo el fútbol español. 20 minutos más tarde llegaría a la citada calle el abogado de los italianos, Enrique Rodríguez Zarza, al que había avisado uno de los periodistas allí presente; todavía desconocemos con qué intención porque la amenaza de desaparición del Cádiz era definitiva.

Luego todo el cadismo recordará lo que pasó, las penurias que hubo que pasar y ‘negociar’ para evitar que el Cádiz bajase a Tercera División, con aquel partido en ‘El Palmar’, ante el At. Sanluqueño. A los jugadores y al técnico, Raúl Agné -que siempre colaboró y se portó como un caballero y un gran profesional, igual que su plantilla y colaboradores- se les fue pagando obligatoriamente porque se les debía mucho. Recuerdo que cuando yo aparecía, con mi maletín y, como siempre, con Elena, por la parte baja del campo principal de ‘El Rosal’, donde el equipo estaba entrenando, los jugadores paraban para aplaudir nuestra llegada con el dinero. Lógico, algunos tenían que pedir prestado para poder sobrevivir a tantos meses sin cobrar. Los italianos prometían mucho, pero no pagaban las nóminas y la situación se hizo insostenible.

Manuel Vizcaíno me llamó, antes de la cita ante el notario, para que fuera el apoderado de ‘Locos por el Balón’, ya que era una importantísima gestión por el Cádiz. Mi nombramiento se llevó a cabo y fue una idea y decisión del propio Vizcaíno, con el que me reuní varias veces en Cádiz, junto con los administradores concursales. La verdad que es, al final, Vizcaíno se quedó, como se sabe, solo y con todo el marrón. También es cierto que estuve negociando mucho tiempo con Antonio Muñoz, como enlace de Quique y Vizcaíno, cosa que estuve a punto de finiquitar cuando el cordobés me anunció que se reuniría con Alessandro Gaucci, en Antequera, para tratar de llegar al enésimo acuerdo económico (los italianos casi nunca cumplieron). Le pedí que no firmara ningún papel, que respetara nuestra negociación, pero Muñoz, finalmente, se hizo la foto que todo el mundo publicó, con la servilleta donde firmó otro acuerdo en lo que denominé ‘El pacto de Antequera’. Me molestó tanto que firmara que hablando esa misma noche con Quique Pina le dije que abandonaba, que no hablaría más con Muñoz. El murciano, que fue figura clave en el inicio de todo esto, me convenció porque me dijo “si tú te vas esto se acaba y nosotros abandonamos, no habrá forma de llegar a un acuerdo con Muñoz. Además, tú tranquilo porque los italianos, seguro, no van a cumplir”. Acertó.

Y otra cuestión que hay que destacar es que cuando se planteó la subasta otra incertidumbre era que, aparte de los italianos, se presentara el polémico empresario jerezano, Luis Oliver, muy metido en el mundo del fútbol y que estaba interesado en coger el Cádiz por lo que ya se había reunido con Muñoz, en Doña Mencía, el pueblo del cordobés. De aquella etapa, en la que estuve seis meses colaborando diariamente con el club, hay muchas anécdotas y algunas, desde luego, son para la historia, otras no se pueden contar ni publicar, son ‘secreto del sumario’, pero tiempo al tiempo.

De todo esto ya hace siete años. Entonces el Cádiz, repito, luchó por evitar bajar a Tercera. Hoy está en Primera División, el tándem Vizcaíno-Pina, desgraciadamente, se rompió varias veces y el conflicto ha generado varias causas judiciales por lo que un acuerdo o la paz están muy lejos; y el que cogió ‘el toro por los cuernos’ y apechugó con todo el problema del club, fue el actual presidente. Rodríguez Zarza sigue queriendo recaudar y representa a uno de los italianos, Máximo Nanini, los otros parece que están desconectados, ya que la sociedad británica no tiene actividad; nos asegura que, con 1% de Nanini, ya tienen el 51%, y entonces ¿por qué no echa al actual Consejo? Lleva años afirmando que en uno o dos meses está en el Cádiz, pero cada día pierde más credibilidad. Y Antonio Muñoz continúa esperando que Sinergy le pague, el casi medio millón de euros que le debe, ya que nunca, dice, le pagaron las acciones. Por otra parte, de vez en cuando, saltan a la palestra las noticias sobre el accionariado poniendo en jaque a todo el cadismo que ahora, aparte de la judicialización del club y del conflicto institucional, vive orgulloso con su equipo en Primera División, que es lo que realmente le importa. Aquella subasta, que se hizo como se hizo, pero que salvó al Cádiz, se ha anulado con el tiempo, pero esa nulidad no ha evitado el objetivo principal de entonces, que era que el club no desapareciera en horas. Afortunadamente apareció ‘Locos por el Balón’, así que...

Y en estos siete años, Manuel Vizcaíno ha cumplido su séptima temporada como presidente; ha conseguido sacar al equipo de Segunda b y ponerlo en la máxima categoría del fútbol español, como prometió al llegar. Y ha saneado económicamente a un Cádiz CF SAD que estaba en quiebra, con una deuda monumental, devolviendo la ilusión a todo el cadismo. Importante también ha sido la aportación de Álvaro Cervera, el entrenador de los dos ascensos, en esta gestión y de los profesionales, colaboradores y empleados de la entidad. A pesar de las críticas, que siempre las hay, y esos descontentos que no recuerdan los partidos en campos infame y ante rivales que ni se conocían, la realidad solo tiene un camino. Y ahí está el Cádiz codeándose con los mejores. Actualmente el cadismo está feliz, con la gran pena de no poder ir al ‘Estadio Carranza’, por la maldita pandemia, a apoyar a su equipo. Recuerden cómo se estaba hace siete años y dónde está ahora... Vizcaíno, ¡qué raro es ver un sevillano cadista!, todavía suele decir “lo mejor está por llegar”. Con sus errores y virtudes, y ataques y críticas a su figura, el presidente también podría decir “esto es el Cádiz y aquí hay que...” (añadan lo que consideren oportuno).

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