Para qué sirven los partidos

¿Y los partidos? ¿Están contribuyendo también a debilitar la democracia?

Todos los analistas, solventes, vienen denunciando la preocupación que existe por el deterioro de la democracia. La democracia está en peligro, se debilita por todos los rincones de la geografía. Las elecciones de presidentes de dudoso perfil democrático en algunos países es una clara muestra de lo que está sucediendo. Nuestro país ya se ha unido al resto de Europa con la aparición de VOX. Pero ¿y los partidos políticos? ¿Están contribuyendo también a debilitar la democracia? Algunas decisiones internas de ellos así lo testifican. Decisiones que nos llevan a plantearnos si hoy los partidos siguen teniendo la justificación que tenían hace ya algún tiempo.

Porque, ¿qué pintan los militantes en estas nuevas organizaciones? Se milita por ideología o simplemente es cuestión de supervivencia. Y esto se puede comprobar en la elaboración de las candidaturas. Ciudadanos está bajo sospecha de haber cometido fraude en la elección de algunas de sus candidaturas. Además de haberse convertido en una bolsa de tránsfugas. Da igual de qué partido sea. Todo es bien recibido, todo se recoge. ¿Y sus militantes? Pues la dirección no confía en ellos. El Partido Popular anda a la gresca con lo prometido por los apoyos recibidos de unos y otros, y claro, ahora todos quieren cobrar, y si no, pues cabreo. Eso sí, ellos todo lo hacen aplicando el dedo, sin ningún pudor.

Y a estos ahora se ha unido el PSOE. Unos estatutos que rodean a su líder contra vientos eternos y sobre todo internos. El líder no se toca. Y todo se hizo al grito de recuperar el partido para los militantes. Y a la primera de cambio, mano dura. O se hace lo que yo diga o todo se cambia. Los militantes pueden opinar lo que quieran, pueden votar sus listas, pero la última palabra la tengo yo y si no gusta pues la cambio. Y no digamos nada de los candidatos. Una persona puede ser muy buen ciclista, o futbolista o pintor. ¿Pero qué tiene esto que ver con la política?

Y sembrando esto, se recoge el alejamiento de los ciudadanos con la política. Los estudiantes, antes los que creaban la opinión política del país, se manifiestan con una total y preocupante independencia. Los partidos no están en la universidad. Las mujeres luchan por su indiscutible igualdad al margen de los partidos. Los pensionistas se concentran para salvar sus pensiones sin ninguna bandera política. Jóvenes estudiantes pidiendo ayuda para salvar el cambio climático. ¿Y los partidos? Pues no saben no contestan. La calle se basta sola. No confían en los políticos o travestis políticos. Los acontecimientos es lo que marca la agenda de la política. Los partidos van a remolque de la presión pública.

El 11M fue una imaginación de recuperar la política, pero el fraude de Podemos ha vuelto a dejar a los ciudadanos huérfanos de referentes. Los partidos han dejado de hacer pedagogía política con los ciudadanos y lo peor, también con sus militantes. Es lo que vengo diciendo desde hace tiempo, la despolitización de la política.

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