El Puerto, la ciudad de las contradicciones. Del nunca estar satisfechos. De los que dicen que el centro está muerto, y de los que ahora no duermen con tanta fiesta. De los que se quejan de no tener aparcamiento por culpa de la peatonalización, y de los que se enfadan cuando un coche que va a un garaje se les cruza. De los que protestan porque no hay comercios en el centro, pero prefieren comprar en Amazon antes que apostar por el comercio de proximidad. De los que despotrican diciendo que las calles están sucias, y van comiendo pipas por la calle.

La ciudad de los que no nunca les parece suficiente. De los no quieren que haya toros, y de los que una corrida, con la dificultad que implica haberlo conseguido, les parece poco. De los que piden más hoteles como en Santi Petri, y de los que tienen fobia a cualquier tipo de turismo. De los que huyen del teatro porque las obras son vulgares, y de los que se quejan que han pagado para no entender nada de lo que allí les contaban. Los que no satisfechos con 15 días de conciertos en la Plaza de Toros, se quejan de que no se haya contado con su artista favorito.

La ciudad del “por mi primero y por todos mis compañeros”. Si arreglan un parque, al momento aparecen los del barrio de al lado preguntando cuando le toca al suyo. La ciudad de los que se quejaban de que Valdelagrana era la zona olvidada de El Puerto, y si se tira de creatividad para dar algo de vida salen 1.000 detractores.

¿Hay algo que se haga bien? Pues parece que no. Si lees algunas afirmaciones, parece que El Puerto es una ciudad sucia, insegura e indocumentada. Difundir fotos de contenedores llenos en verano, algo que ocurre en todas las ciudades de España, roza el derrotismo más dañino posible. ¿Remamos en la misma dirección? A veces, algunos reman en la contraria.

A todos estos inconformistas, que desde el sofá de casa despotrican en las redes de la vida en su ciudad, me gustaría, con humildad, darles un consejo. Levántense temprano un sábado y den una vuelta por la plaza. Desayunen en los Pepes. Tómense una tapita en Misericordia. Y luego se van al buzo a echar la tarde en la playa. Todo eso que no podemos hacer los que vivimos fuera. Y todo eso por lo que miles de personas pagan un dineral por pasar una semana en nuestra ciudad. Los portuenses lo tenemos gratis, todo el año, a nuestra disposición. Mejoremos, cada día…pero disfrutemos también de la ciudad que nos ha tocado vivir. El Puerto no vuelve ahora, siempre ha estado ahí para nosotros.

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