El reloj

Puede ser una buena señal. La ciudad vuelve a respirar, a mirar el futuro con esperanza

En las torres más altas de las ciudades, en el campanario de sus iglesias, en los ayuntamientos, siempre suele haber un reloj. Son símbolos. Los relojes de las ciudades o pueblos son testigos de los grandes acontecimientos. Suelen ser, desde su altura, observadores de la historia de las ciudades, de sus crisis, de sus grandezas, testigo mudo de los cambios que produce el caminar de los años. Los años pasan mientras él sigue en todo lo alto, en alerta, marcando el pulso de la ciudad, marcando el paso de los ciudadanos, como fiel guardián de sus costumbres y de su cultura. Qué no sabrá el reloj de las ciudades. ¡ Ah! Si pudieran hablar.

Quince años llevaba parado el reloj del ayuntamiento, lo mismo que la ciudad. Dicen que los relojes desde lo alto quieren hablarles a las ciudades, a su manera. Y el nuestro, el del ayuntamiento, se quedó parado desde que la ciudad entró en crisis. Ha sido como un símbolo, indicándonos desde su privilegiada posición que la ciudad estaba parada, que no marchaba. Pero la ciudad por fin ha recuperado su reloj queriendo ser cómplice de la espectacular rehabilitación del edificio. Lo grandeza de su fachada nos muestra una ciudad señorial, atractiva. El reloj de la ciudad ha vuelto a respirar, a marcar el paso de la ciudad, a marcar el pulso de sus ciudadanos. ¿Significa esto que la ciudad se ha puesto en marcha? Puede ser una buena señal. La ciudad vuelve a respirar, a mirar el futuro con esperanza. Cuando escuchemos las campanadas del reloj nos estará mandando el mensaje de que la ciudad está viva, que el futuro es nuestro y lo tenemos que aprovechar.

Quince años sin marcarnos la hora. Aunque es difícil saber quién ha despertado a quién. Me explico, o lo intento. Innegable es que el centro de la ciudad, su calle Real, ha recuperado el pulso de la ciudad. Hoy es fácil ver la calle llena de ciudadanos, sus terrazas ambientadas. La celebración de sus fiestas en el centro han posibilitado que las gentes se echen a la calle. Por consiguiente, no se si este ambiente ha hecho despertar nuestro reloj o ha sido al revés. Da igual, el caso es que la vida del reloj va ligada a la vida de la ciudad. Los dos se complementan. Y la ciudad está recuperando su vida. Poco a poco, paso a paso, pero de una manera sincronizada como la maquinaria de su reloj. Mirando al futuro, sin dejar definitivamente algo del pasado porque es historia, pero con nuevas ideas hacia el futuro.

Y creo que hay razones que ser positivo. La majestuosidad de nuestro ayuntamiento nos que la ciudad recupera su poder. Pero para mí, además, hay tres símbolos que nos pueden indicar nuevos tiempos. Se ha rehabilitado para la ciudad una edificio histórico, de inmenso valor, que estaba olvidado y desconocido como es Torre Alta. Se está salvando de su desaparición otro edificio de un magnífico pasado histórico y arquitectónico como es el Penal de Cuatro Torres. Y hace unos días el gobierno municipal nos anuncia el firme propósito de recuperar el Cine Alameda para la ciudad, no histórico pero si un símbolo vivo de nuestra cultura y fundamental para la vía cultural que se quiere convertir la calle Real. El reloj recupera su vida, la ciudad parece que recupera el pulso.

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