Cuando uno estudia la novela desde ab initio, se siente invadido por sus estructuras, sus temas, sus tipos de narradores y disfruta uno entre las páginas, y más cuando comprueba con sus pesquisas, el arte narrativo que lee. Tengo que confesar que el Quijote, es mi libro predilecto y le sigue el Fray Gerundio, inspiración quijotesca del Padre Isla, desfaciendo entuertos de predicadores. Son novelas de disfrute absoluto. Para leer en el campo, bajo un árbol, oyendo pájaros en la bucólica floresta.

La parodia de los libros de Caballería se inicia con un lugar de la mancha, y no con pompa y solemnidad hablando de reinos en tierras lejanas y extrañas y en imperios exóticos o fabulosos. El Quijote no empieza ni transcurre en Persia, ni en Constantinopla, ni en la Pequeña Bretaña, ni en Gaula, ni en el Imperio de Trapisonda, sino, llana y sencillamente, en un lugar de la Mancha. El nombre, dudante entre Quijana, Quijada, Quijano, jugando con los lectores, es "quijote" que no es sino el nombre de la pieza de la armadura que cubre el muslo (voz procedente del francés cuissot o del catalán cuixot, "muslera"). A mí, lo que me atrapa, como a mi admirado amigo, el profesor Hernández Guerrero, es la singularidad de tantos personajes, que colman toda la novela, reflejados en ella, sino, también la cantidad de capas narrativas, pues Cervantes compra el texto de Hamid el aberenjenado, Cide Amete Benengeli, que traduce para Cervantes quien también se nombrará a veces traductor. Cuando echa mano de los archivos manchegos. Esas capas narrativas, si le presta atención, no menos de nueve, son el lío del montepío para historiadores y lingüistas, que nunca irán de acuerdo.

Hacen bien los que hacen el día del libro en su nombre. Se está divirtiendo de nosotros desde que empezó la novela. Cervantes usa adrede una estructura externa que es una auténtica parodia de la de los libros de caballería. A su vez, intercala novelas pastoriles pero de una forma filológica, porque Pedro, que en su hablar gracioso y campesino comete errores idiomáticos y emplea vulgarismos que don Quijote se apresura a corregirle. Tenemos pues capas de novelas dominadas por Cervantes, que imbrican narradores y econarrativas en tantos sistemas como modelos alcanza a destripar, ejemplo el sabio Frestón que traduce del griego o cuando cuenta que el rey sarraceno Balaán y su hijo el gigante Fierabrás tras la conquista de Roma, la saquearon y robaron las sagradas reliquias allí veneradas, entre ellas dos barriles con restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesús, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía. Bella metáfora del asqueroso ungüento que producirá don Quixote que hará vomitar de risas.

Cada vez me subyuga más porque el gran manco ha caricaturizado no tan sólo los libros de caballerías sino unas páginas de Lope, exactamente del libro tercero de la Arcadia, de Lope de Vega, cuando describe unos retratos de héroes y capitanes ilustres: Aquel que ves allí enfrente es el gran Licurgo, legislador de los lacedemonios... Aquel del yelmo de oro, con la sierpe por divisa y la lanza de invencible peso, casi igualada a la antena de una nave, es el britano Arturo…He estado leyendo las insignes páginas del mayor escritor que se ríe del hombre más allá de los siglos. De estructuras, novelas, y narradores, de siglos y de tiempos…y fonemas…

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