La esquina del Gordo

Sin propósito de enmienda

Aquí ya estamos acostumbrados a las soberbias de los que jamás se equivocan; la contrición ha desaparecido porque se ha sustituido por la impunidad

A qué engañarnos, este año empieza como todos, mucha palabrería y sin propósitos de enmienda. Con esto pasa como con los virus, que no les afecta a qué autonomía se pertenezca ni al cambio de un número en el calendario; o sea, que todo lo que se derive de estas circunstancias son ganas de distraer al personal previamente conforme y acostumbrado a vivir con sus miedos a cuestas.
No niego que existan personas llenas buena voluntad a pesar de la lección que nos ha dejado este nefasto año que por fin se ha ido. Claro que una cosa es la lección y otra reconocer que no ha sido más que un anticipo ante el panorama de lo que nos tocará este año que acaba de empezar, y que el propósito de la enmienda vuelva a ser cosa de los de siempre, porque los otros, los que nunca se equivocan, los perfectos jamás piden perdón ni tienen por qué arrepentirse. (¿?)
No obstante habrá quienes hayan sacado conclusiones positivas y, pese a la dureza de la didáctica empleada, no vuelvan a creer en nadie, y menos a los mantenidos por el momio de sus privilegios que se han beneficiado del río revuelto. ¡Si sirviera para mandarlos a la mierda de forma unánime y definitiva…!
Lo del propósito de la enmienda suena a soniquete de música vieja, la misma con la que se aprendía la tabla de multiplicar de viva voz, igual que las respuestas de la doctrina cristiana, aquella que cuando tocaba el sacramento de la confesión se decía: “dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decirle los pecados al confesor y cumplir la penitencia”, más rutina que ferviente deseo de ser mejor porque a nadie le habían explicado la importancia de cada uno de esos pasos y la obligación moral con ese compromiso.
Pero haciendo caso a lo que se viene viendo -Navidades incluidas-, el personal de a pie está hastiado del momento que se vive. Sí, son unas circunstancias excepcionales, pero los que gobiernan también argumentan como papagayos con soniquete de música vieja. Ellos ni siquiera se plantean que están para poder/saber superar las dificultades que se plantean a diario, sin falsos comités de expertos, sin manipular las estadísticas y sin recurrir a los ciudadanos haciéndonos culpables de sus propias incompetencias.
¿Que los hay desaprensivos e insolidarios? ¡Naturalmente!, consecuencia de la anarquía que se ha hecho dueña de la situación. ¿Que todo esto afecta a los comportamientos de los ciudadanos? ¿Alguien lo duda? Los trastornos psicológicos ya se están viendo, como también los económicos, y hasta a las vacunas las han convertido en un calco de las cantinelas aquellas donde se aprendía de memoria sin llegar a entrar en las conciencias de nadie.
¿Propósito de la enmienda sin que se pida perdón? ¡Imposible! Aquí ya estamos acostumbrados a las soberbias de los que jamás se equivocan. La contrición ha desaparecido porque se ha sustituido por la impunidad. Así que vengan días, vengan ollas, vengan pandemias y que vengan ruinas económicas.
No es el pronóstico más optimista para este año que comienza y lo siento.

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