Análisis

Guillermo Alonso Del Real

Nuestro propio esperpento

Allá por los años sesenta (en 1968 concretamente) nacía en Sevilla una compañía teatral que ha marcado durante muchos años lo mejor del teatro andaluz, con su "estética de lo borde". Luego derivó a "Mediodía" y, con "Tabanque", abrió un camino liberador para un teatro que luchaba por acercarse a Brecht, al teatro del absurdo y hacia todo lo que suponía abandonar el falso andalucismo quinteriano y otros males todavía no curados del todo en nuestra región, nación, o como usted quiera llamarla. Se llamaba "Esperpento".

El "esperpento" como género teatral sabido es que lo inventó don Ramón María del Valle Inclán y consagra una estética consistente en la sistemática deformación de la realidad, con el resultado paradójico de dar cumplida cuenta de ella:

Lo malo es que a veces el esperpento invade la realidad y lo grotesco se manifiesta en todo su esplendor en el terreno, por ejemplo, de la política. En esos casos el componente histriónico se hace necesario de todo punto. Y también es preciso que los actores carezcan de un mínimo de pudor, que eso del sentido del ridículo no les afecte en absoluto. Entonces la farsa está servida.

Cuando la farsa se interpreta en el teatro es para solaz del espectador y suele tener su punto de pedagogía, ya que el drama es en su esencia pedagógico, si bien esa pedagogía debe de ir envuelta en la metáfora (Boadella dixit). En caso contrario solamente sería sermón o plática moral, aburriría. La farsa artística es antigua, viene de los clásicos greco-latinos y alcanzó su gran momento en la "comedia del arte" italiana, de cuyos hallazgos se han beneficiado autores como Goldoni, Molière, Dario Fó, el mentado Albert Boadella y hasta el mismísimo don Jacinto Benavente, y eso que su territorio solía ser ajeno a tal género.

Pero, si la farsa se interpreta en la realidad y, en especial, en la política, tiene mucho de insultante, de tomadura de pelo al respetable, que no es nada respetado por cierto en este tipo de representaciones bufas.

La pantomima que están ejecutando los tres socios (confesos o vergonzantes) en su apaño para el próximo gobierno de Andalucía me parece francamente detestable y, desde luego, dice muy poco de su aprecio por nuestros conciudadanos de toda latitud y tendencia política. Yo, que soy más bien de izquierdas, como saben mis amigos y conocidos, no quisiera estar en el pellejo de las personas honorables de derechas que conozco, e incluso con cuya amistad me honro. Personalmente recomendaría a mis amigos de izquierdas que tuvieran amigos de derechas, y viceversa. A lo mejor de esa manera nos entendíamos mejor los unos con los otros, sin renunciar por ello a nuestras respectivas convicciones políticas. Pero, como decía, comprendo el interés de la derecha andaluza por hacerse con el Gobierno de Andalucía, pero tal vez eso pudiera hacerse en buena lid y sin montar semejante manejo de trileros, que resulta bastante bochornoso.

En primer lugar por el juego de "te ajunto, no te ajunto", en el que Ciudadanos interpreta el papel estelar, enredados Marín y su tutelar señorito Ribera en la aporía de que no se les vea en tan mala compañía como son los energúmenos de Abascal y su franquicia andaluza. "Y, sin embargo, te quiero", como dice la copla, porque sin esos nefandos seres, nada de gobierno, ni nada de nada. Ver y escuchar hace unos días a Inés Arrimadas haciéndose la virgen impoluta (en términos políticos, se entiende) producía bastante vergüenza ajena.

Respecto a Casado hace muy bien en poner líneas rojas en su trato con los ultras de VOX. Por cierto, me ha llegado el rumor de que bajo ningún concepto aceptará, en el caso hipotético de que se propusiera durante la legislatura, que se vuelvan a legalizar la trata de esclavos y las ejecuciones públicas. Hombre, con un cierto margen, ya saben ustedes. Tampoco hay que tomarse las cosas a la tremenda. No sé si recordará el amable lector la fabulilla de Micifuz y Zapirón, que se comieron un capón, pero rehusaron comerse de postre el asador, porque "era caso de conciencia".

La mejor jugada farsesca, por más cínica, es el órdago de los ultras (pero constitucionales, que dice el oráculo Aznar) con el documento de los diecinueve puntos de sutura que pusieron sobre la mesa. ¿A dónde querían ir a parar con semejante "tour de force"?. En cualquier caso, puestos en el terreno del esperpento, se les ve los mejor dotados para moverse en él. Y les está funcionando.

Y el escenario, el decorado perfecto: Madrid. El futuro Gobierno de Andalucía se chalanea en Madrid sin el más mínimo pudor. ¿Electoralistas nosotros? ¿Qué dices, colega?

Claro que todo este disparate escénico no se estaría mostrando, si alguien no se lo hubiera puesto a huevo a los farsantes. ¿Se les ocurre quién o quiénes?

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