DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Análisis

francisco andrés gallardo

El 'prime time' se viene abajo de puro aburrimiento

Los espacios más vistos de los últimos días son los informativos. Es inevitable. Pero también repunta el programa de compañía, de tener el televisor encendido durante horas: Sálvame, en sus distintas variantes hortero-frutícolas, reducidas en realidad al devenir y ocurrencias de sus huéspedes.

Y al fondo de la lista están los contenidos de prime time. Se salva de la tendencia Supervivientes, que al estar producido realmente donde la Pantoja perdió el llavero se puede permitir mantener el directo y, por tanto, sus tramas en vivo. Telecinco no ha terminado de sorprender a nuevos espectadores sino que es el refugio para unos seguidores confinados con una lealtad a prueba de intermedios. Telecinco, efectivamente, da lo que su gente le pide. Y eso la convierte en indestructible.

Las demás cadenas están (de)cayendo en el prime time porque el público se esparce por temáticas, plataformas y, quién sabe, porque estamos leyendo libros, que cansan menos la vista y avivan el cerebelo. La programación nocturna es un reguero de apatía (y un tanto de falta de previsión) entre películas y esos programas de pantallas partidas de videollamada como el de Fase Zero, de Risto, en Cuatro. Buenas charlas aunque con este sorporte agotan. El Chestera distancia llevaba grabado cierto tiempo por lo que se sirvió helado. También estamos deseando que Jordi Évole, insistimos, deje la pantalla y salga a la calle a investigar sobre la pandemia. Venga ¿no toca zamarrear ahora el sistema? Hay que volver a recordar que lo de las charlas en casa tuvo su momento de urgencia pero no puede ser la tónica de la parrilla nocturna, por el bien y el futuro de la televisión en abierto.

TVE, que tiene locomotora financiera, además de rescatar el feliz Ministerio va retomando grabaciones. Y como única alternativa a Supervivientes, Masterchef. Lo de Saray no tiene nombre. No se pueden dar oportunidades por postureo. La gente conflictiva se ve a la legua. No debió ni pisar el felpudo.

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