Entre las brozas y el salicor, la irisada presencia de sus aguas. Casi todos vivimos frente al agua. Desde que se izaban velas en el caño. El viento trae voces riñendo. Trae gotas de agua. La vieja mar de todos los otoños nos parece más sola. Más arbolado el oleaje. El viento arranca esquirlas a las olas que llueven en la playa. Me imagino a Luis cuando paraba en casa de la gallega. Con la espuma y el viento, igual la playa. La playa. Esa metáfora pura de la muerte. La arena es aire de la piedra molida. Los dientes del tiempo se sienten más allí.

Camino el arenal. Recuerdo que en Maitinalia hablamos de Berenguer, de Cela, de Umbral, de Delibes, de tantos que ahora nos parecen arena. Molidos por el tiempo con su boca de arena. El profesor Vázquez Bermúdez está de acuerdo.

Cita nombres que fueron fama en la vida y en la política: Manuel José Quintana, Juan Nicasio Gallego, Juan María Mauri, José Joaquín de Mora, Andrés Bello, Pastor Díaz…Poetas todos antologados en su tiempo. Hoy un grano de esa gota de arena contiene más belleza que sus palabras oxidadas. Que su olvido yacente.

El arte de recordar es volver en sí mismo, como las aguas y el timón, como el alma y su carne, como el fusil y su batalla.

La arena-tiempo se pega en el calzado. Pero seca se aparta como si nos perdonara algo de tiempo. Un burrucho. Una burbuja en el playal. La espuma endrina hasta los pies…

Hay obras que recuerdan y no se sabe bien porqué recuerdan. En algunos casos la atrocidad del hombre se vuelve literatura. Necesita la sangre para ser recordada. Conticuere omnes intentique ora tenebant. Un dáctilo rápido. Lentos espondeos después. La belleza y la música asentada sobre la guerra de Troya y la sangre de Troya. Siglos y siglos con la misma secuela.

Pienso que el peor olvido no es el editorial ni el de la crítica. Sino el de los vecinos y el de sus contemporáneos. A los estudiantes se les quedará Berenguer como una Biblioteca de estudio. O una calle. O una placa.

Sigo andando. El taconeo de la marea sobre el búnquer con chafarrinones, con las arrugas de las olas ciegas, cuando la mar se cansa de ser agua en la orilla, vuelta espuma en la tierra, cuando la arena más mojada parece que respira…

A lo mejor es que debería crearse la Fundación Berenguer. Privada y eso. Un retrasar los filos de la nada sobre los viejos bordes del mismísimo tiempo.

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