Desengáñate, hemos perdido. Lo que podía salir mal, salió mal. Y no me refiero a unas elecciones, hablo de que hemos perdido: el tío a caballo que va a reconquistarnos, en realidad nos ha tirado de boca al frío asfalto de la realidad, la impunidad de las élites, el desamparo social, la brutalidad del dinero y el saqueo de lo público.

Y además nos han hackeado el cerebro. Si no, es imposible que propuestas socialmente inaceptables -"los más débiles tendrán que hacer concesiones"- sean aceptadas sumisas por los más débiles. Soluciones milagrosas para tiempos extraños.

El tío a caballo es sólo un símbolo del involucionismo de mercería, donde todo es mediocre, estúpido y huele a vanidad y a billetes de banco, mientras los jóvenes emigran, las libertades peligran y la gente se olvida de la corrupción, las arbitrariedades y los recortes de derechos civiles. ¿Qué narcótico nos han dado?

Mientras hablábamos del vestido de la Pedroche, el mandamás del BBVA, Francisco González, trincaba una pensión de 79,7 millones de euros. Da igual, durante la crisis no había fondos para nada, pero de repente aparecieron montañas de dinero que salvaron del naufragio a los mismos banqueros que habían provocado la catástrofe.

Ahora lo importante es la bandera y la unidad de España. La patria, otra vez. Pero el patriota eres tú, que pagas impuestos, que eres solidario, que cumples las leyes... y lo mismo crees que la patria está en peligro si suben las pensiones o el salario mínimo. No obstante, la primera medida de los que gobernarán Andalucía es subirse el sueldo, con la excusa de "racionalizar las retribuciones de los cargos públicos".

Y la gente traga, todo vale. Aquí en Cádiz, el candidato popular, Juancho, explica así el drama demográfico: Cádiz pierde población ahora, pero Teófila hacía muchas casas y por eso Cádiz, entonces, no perdía población. Fíjate...

O Pepe Blas Fernández, político a perpetuidad, que se opone a la subida del salario mínimo, pues perjudica -dice- a las empresas, y alega que su sueldo es de 489 euros. ¡Una colecta, pofavó! ¡Socorran a este desventurado!

Desengáñate, hemos perdido: han ganado la banalidad, la desmemoria, la indecencia y el falsunerío.

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