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La esquina del Gordo

¿Y si lo peor está por venir?

¿Que no iremos a peor? Cáritas y los bancos de alimentos lo vienen evidenciando desde hace mucho

Se lo preguntan los agoreros profesionales, los salvapatrias de la oposición y hasta los técnicos que pueden opinar sin vasallaje alguno. 

Según dicen los que han leído a San Juan, el Anticristo es la vuelta de un Ser maligno que aparecerá antes de la segunda venida de Cristo para seducir a los cristianos y apartarlos de su fe. La pregunta de ahora es:

¿Aparecerá o viene apareciendo de cuando en cuando y nosotros sin darnos por aludidos?

Los afortunados que sobrepasaron el catecismo de Ripalda y los ortodoxos de última hornada, saben que el Anticristo se ha hecho presente en muchas ocasiones a lo largo de la historia y ponen como ejemplos todas las catástrofes que en el mundo han sido —unas naturales y otras provocadas—, desde las prehistóricas, hasta la actual que nos abre las carnes a todos y que es la que verdaderamente nos importa ahora.

A ver de qué sirve acordarse que en Atenas, en el año 430 a.C. hubo una que arrasó con todo; o que entre los años 165 a 180, la llamada Peste Antonina, una viruela, acabara hasta con el mismísimo Marco Aurelio. Nada que decir de las plagas que los conquistadores introdujeron en América, o la peste bubónica de Milán, que duró treinta años… Para qué seguir si lo importante es señalar la indefensión que el pueblo ha padecido siempre ante estas calamidades y, lo peor, superar sus secuelas, que es lo que nos espera cuando pase este Anticristo que sufrimos hoy.

Para los que nacimos en la posguerra ya nos tocó vivir en directo la carestía de alimentos, el pan de estraperlo y la resignación heredada de la vida  miserable de aquella época, que la posguerra agravó, sí, pero que al no haber elementos comparativos, al no saber que existían manjares para paladares selectos, ni aire acondicionado, ni colchones viscoelásticos, ni cruceros por el Caribe, cada cual se contentaba con lo que tenía a su alcance y sí, existían envidias, pero estas quedaban dentro de los límites del desconocimiento por ignorancia, aquella que las llamadas películas de teléfono blanco sirvieron para que el personal fuera espabilando.

La sociedad ya no es la misma, ya ha probado el confort aunque haya sido pagándolo a plazos; ya sabe distinguir entre lo auténtico y sus sucedáneos, entre lo verdadero y lo falso. Claro que como nos pilla con el gobierno más estúpido de la historia, con el socialismo más cerril y el comunismo más solapado (que ya es decir), el coronavirus dejará de ser pandemia para convertirse en coartada y  nacionalizarlo todo, para que todo se convierta en una miserable limosna que el Estado concede a los otrora ciudadanos autosuficientes para reducirlos a piaras con cencerro, sin conciencia propia, gracias a los señuelos eternos que, con catástrofes naturales o provocadas, han servido para mantener el poder desde la noche de los tiempos.

¿Que no iremos a peor? Cáritas y los bancos de alimentos lo vienen evidenciando desde hace mucho, y ahí está Aluche como ejemplo de lo que se avecina.

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