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Análisis

rogelio rodríguez

La patógena acción de un mal Gobierno

Sánchez huye hacia delante, el PSOE se derrumba y emergen radicalismos

La conmemoración del 40 aniversario de la Constitución se celebró en un clima de creciente acoso a la Monarquía y a otras altas instituciones democráticas, que el rey Felipe VI soslayó en su discurso, quizás por prudencia, quizás conducido por la mano del Gobierno, que siempre impregna las intervenciones del Monarca en los actos solemnes, al igual que ocurre en el resto de las monarquías parlamentarias, donde el Jefe del Estado se somete al criterio del Ejecutivo de turno.

Y es que la acción del Gobierno es omnímoda, incluso cuando no lo pretende, como acaba de ocurrir en Andalucía, donde el resultado de las elecciones autonómicas, menos sorprendente conforme se refrigeran los motivos, ha desatado una tolvanera de conclusiones y actitudes políticas que retratan la boina de insolvencia, arribismo y confrontación que se cierne sobre el régimen nacido en 1978. Nunca unos comicios autonómicos estuvieron tan contaminados por causas exógenas que han pervertido la verdadera razón de ser de la convocatoria y determinado el cociente de las urnas. Cunde la paradoja de que los separatistas catalanes han facilitado el acceso del PSOE de Pedro Sánchez al Gobierno de la nación y la entrada de la ultraderecha en el Parlamento andaluz.

No le falta razón a Susana Díaz. Su relevante cuota de responsabilidad en la probable pérdida de la Junta es, sin embargo, menor que la achacable al Ejecutivo que preside Pedro Sánchez. La aciaga gestión de su jefe de filas, enrocado en el poder gracias al diabólico apoyo de partidos anticonstitucionales, y, sobre todo, su indecorosa tolerancia con el independentismo catalán, hizo que se abstuvieran una parte significativa de los tradicionales votantes del PSOE, lo que, sumado al deterioro que arrastra el Partido Popular, también propició la atronadora irrupción de la extrema derecha que representa Vox. Y puede suceder en el resto de España, al igual que, no hace tanto, los grupos aglutinados en Podemos accedieron a las instituciones que aborrecían y ahora utilizan a la vez que menoscaban.

Pero, de momento, la alarma que han suscitado los 12 diputados autonómicos (casi un 11% de los votos) cosechados por Vox peca de exceso, ya que buena parte de su éxito se sustenta en la elevada abstención. La izquierda andaluza, en su conjunto, ha perdido casi el doble de votos que los ganados por el centro y la derecha, de lo que se deduce que el tan preocupante partido ultraconservador se ha valido de factores impropios y quizás coyunturales, entre los que figura el fenómeno de la inmigración. Con una participación similar a la de 2015, Vox habría logrado dos o tres escaños a lo sumo.

Vox y la izquierda radical son consecuencia de la política equivocada del Gobierno del PP, derrocado por sus propias miserias y por un complot entre partidos antisistema y nacionalistas que encontraron en el osado líder socialista el instrumento adecuado para sus intereses. Sánchez huye hacia delante, mientras el PSOE se derrumba y emergen radicalismos de tremebunda memoria.

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