Análisis

Pedro G. Tuero

En mi paseo

En esta Isla nuestra hay de todo. Hasta aquellos que les estorba la estatua de Varela

De vez en cuando, mi desocupado lector, me gusta y siempre deseo salir de este mi cierro y pasearme por esta Isla tan añorada y querida por mí, o maltratada por otros u otra (en femenino y singular). Una Isla muy aparente pero con muy poca verdad en el fondo. Una aguitarrada Isla y bailaora que no le sirve de nada, sólo para hacer ruido y justificar su munícipe entrega. Porque necesitaba salir de aquí y respirar ese aire que no depende de nadie, que es el mejor y más saludable o respirable de este mundo mundial. Un isleño aire con el que crecí (a medias o cortamente) y fui educado; en una Isla de mis primeros amores y en donde me quiero morir.

Una Isla tan especial y única, pues, aquí hasta se es capaz, de inventarse una procesión denominada laica o cívica con la bonita imagen o talla de una Virgen del Carmen. Que es tan paciente y resignada de estar a la espera de ese fantasma del tranvía desde hace ya casi diez años. Una ciudad que abraza a grandes poetas o intelectuales en general, además de otros que sin esa docta categoría, también hacen uso de la palabra dicha o escrita, como mi admirado amigo José Loaiza que en su artículo publicado la pasada semana en la "Tribuna libre" de este Diario, hacía un llamamiento razonable y acertado para que los isleños de bien expusieran nuestra bandera y se hiciera ostentación del orgullo de ser español. Más, y esta vez con voz de mando y con trompeta, pero por otro asunto, tildaba a la -por ahora- presidenta de la Diputación de "pirómana". ¡Qué arte, querido Pepe!

Por otro lado, mi atento lector, hay que decir que en esta Isla nuestra hay de todo. Hasta aquellos que les estorba la estatua del general Varela. Algo que sigo sin entender. Y no creo que nuestra alcaldesa asienta y les otorgue tal disparate.

También, me gustaría recordarle a mi lector otro artículo elaborado por este menda, allá por el dos mil catorce, en el que en otro paseo como éste, así lo decía: "Un isleño paseo mañanero que a tantos amigos encontré y a muchos de mis respetados lectores hallé. Una mañana que me llenó el alma no sólo de sol, sino de literarias misiones cumplidas. Una calle Real en donde mi cierro de infancia aparecía no solamente trastocado y desconocido, sino convertido en un "yoigo" más de esta moderna vida del móvil y otras leches. Y justo allí, en ese tramo de la calle del que nunca me olvidaré, algo extraño ocurrió que no me lo creía, era el fantasma del tranvía que reconvertido pasaba por delante de mí, un paripé más de la asusanada Junta para hacernos más corta la espera…". En fin, como si fuera ayer.

Y ya para terminar, recurriría a ese oxímoron tan reciente de aquella activista de la catalana y repugnante CUP, que, aunque no me la encontré en mi paseo, afirmaba que era nacionalista sin fronteras. Sin embargo, pero de otra manera, este escribidor se consideraría que es de La Isla con o sin fronteras. Por si acaso.

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