Los más prestigiosos rankings internacionales posicionan a Madrid entre las capitales europeas más relevantes. A día de hoy, Madrid supone el 12% del PIB español. De las 2.000 principales empresas establecidas en España, Madrid es sede del 72%. Además, Madrid sigue siendo el principal espacio de atracción de inversión extranjera de España: solo en 2017 localizó prácticamente el 63% de la inversión recibida en toda España. En 2018, Madrid recibió 6,59 millones de turistas internacionales, siendo la región española que más creció en dicho periodo. Sin olvidar que, en calidad de capital de España, Madrid alberga las sedes del Gobierno de España y sus Ministerios, de las Cortes Generales, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional.

Los datos son irrefutables. Madrid es una ciudad referente en términos políticos, económicos y sociales. Sin embargo, esto no nos puede hacer caer en el error de que lo que pase en las grandes ciudades interesa a otras partes del país. Hace unos días un árbol cayó en mitad del Paseo de Castellana. Lo que no dejaría de ser un breve en un medio local, tuvo eco en medios nacionales, incluyendo informativos de TV. A mí como residente en Madrid podría interesarme que la Castellana esté cortada. A un vecino de El Puerto obviamente no.

Una situación similar hemos vivido con Madrid Central. Aunque es una medida relevante y necesaria en el escenario actual de emergencia climática, no es un tema crítico para vecinos de otros municipios. A otras ciudades como Valencia o Sevilla, con importantes iniciativas medioambientales, les cuesta mucho más ganar cuota de voz en los medios nacionales.

Este excesivo centralismo desemboca en desconocimiento general de otras ciudades de España que cuentan con una gran riqueza en cuanto a talento e historias de éxito. Ciudades que solo saltan a la palestra nacional cuando celebran su fiesta folclórica más característica (Fallas, San Fermín, Feria de Abril, etc…), cuando se produce un suceso escabroso, como un secuestro o un asesinato morboso, o cuando sufren un desastre natural.

Incluso algunas marcas icónicas internacionales se empeñan en focalizar sus acciones de marketing en Madrid y Barcelona, cuando realmente la masa de consumidor se concentra en otras ciudades. En consecuencia, los contenidos de algunas publicaciones de estilo de vida también asumen la retórica de la gran ciudad, asumiendo que todo el mundo en España tiene las rutinas de vida de Madrid y Barcelona.

Así, aunque pase en Madrid, ¿aporta algo al conjunto social? ¿Es un caso de éxito extrapolable a otras ciudades? ¿Genera un debate que afecta a diferentes colectivos? Estas serían algunas de las cuestiones a plantearse antes de dar por hecho que, porque ocurra en Madrid, es relevante y noticiable para el resto de España.

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