Descuida, no te voy a hablar de patrias, ni de naciones, ni siquiera de banderas. Ni soy nacionalista ni creo en patrias, fronteras o banderas. Además hay mucho ruido, demasiada gente gritando.

Prefiero hacerlo de ese nuevo concepto que dice que todos son culpables, que equivale a decir que nadie lo es (del todo). Una solución a la desesperada para ahogar la responsabilidad en lo difuso y que no signifique nada. Así, la mala conciencia colectiva permite que cada cual se convenza de que tampoco es para tanto: "Yo no soy (tan) responsable, pues todos lo son". Y si aún queda alguna zurrapa, se pulsa la tecla de borrar. A menudo una conciencia limpia no es más que mala memoria.

Lo que le viene al pelo a un país ignorantón y tosco, que no deja ni un resquicio a la duda, donde las peras son peras y las manzanas son manzanas, y donde se (mal)trata al discrepante como a un enemigo. Un país donde importa más el "quién manda aquí" que el debate y la razón, donde el granuja es el triunfador y la decencia es de pringaos. Ese es un país abocado a producir patronos especuladores, ministros mangones y toda suerte de canallas con corbata, depredadores de misa diaria y abusones que creen detentar un derecho divino, por el simple hecho de agitar fervorosos una bandera. Sí, la culpa tiene rostro.

El ambiente convulso y crepuscular, como de fin de reinado, que se vive hoy, igual viene del día en que alguien gritó en el Parlamento aquel infame y despiadado "¡Que se jodan!", y no pasó nada. Y ha llegado el día en que se jalea a la Policía con un "¡A por ellos!" ¿Ellos? ¿Nosotros? ¿No éramos todos iguales? Ya no sé, pues el Delegado del Gobierno en Andalucía decía (26/9/2017): "Como español, me emociona ver este sentimiento". No recuerdo esas efusiones líricas cuando la Policía perseguía las mangancias de Gürtel y Púnica, o se destrozaban discos duros a martillazos.

Hace años, cuando el conflicto vasco, un conocido decía que eso se arreglaba metiendo allí a la Legión, con cabra y todo. Creo que ya hemos alcanzado ese nivelito de razonamiento. Lo único que siento hoy es vergüenza.

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