La esquina del Gordo

El pasado, esa amenaza

Da asco seguir empeñados en vivir de la desgracia ocurrida hace ¡ochenta años!

Lo voy a preguntar sin ambages: ¿Hasta cuándo vamos a ser víctimas del pasado? ¿Es normal que nos sigan amenazando con el fantasma de Franco?

Pues en esa están los que siguen con él al retortero mientras les sirva de coartada para ocultar sus intenciones de acabar con el sistema, sea cual sea. ¡Joder, ya está bien de recontar muertos de un solo bando! A pesar de que Sánchez diga que esta inversión costaría unos 200 millones. Consecuentemente, en aras de la misma estupidez, se podría contabilizar a los de enfrente, que por lo visto fueron muchos menos y sería como darle una propina a los sepultureros voluntarios. Pero estos no existieron nunca.

Vale, Franco no fue un santo, sino todo lo contrario, pero ni más ni menos que los del bando de enfrente donde también hubo canallas a puñados aunque hoy los oculten con mentiras convenientes. Lo decía Pérez Reverte no hace mucho, -¡Pérez Reverte, un facha, tiempo al tiempo!-: "Franco me importa un carajo y al resto de los españoles también". Y añadía: "Sólo aquellos que viven de la confrontación son los que mantienen vivo ese fantasma porque les es rentable políticamente". Objetivamente lleva razón. Da asco seguir empeñados en querer vivir de la desgracia ocurrida hace ¡ochenta años!, y que aún se pretenda justificar que por culpa de aquel cerrilismo de nuestros antepasados, España -o lo que queda de ella- todavía no figure entre las naciones tecnológicamente más desarrolladas y que ocupe la cabeza del paro. Con Franco esto no pasó. ¡Franco, joder, estáte quieto de una vez!

Antiguamente, cuando el nacional catolicismo, a la mayoría de los niños -sí, y a las niñas también, faltaría más- que éramos muy píos sin saberlo, nos recomendaban rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, tanto al levantarnos como al acostarnos. No hacíamos mal a nadie y, quizá, la rutina, como ocurre siempre, transformara el fervor en una monotonía sin sentido, que es lo que pasa hoy con los que se levantan y se acuestan maldiciendo a todo y a todos los que no comulgan con su piñón fijo.

Esta es la desgracia de los nacionalistas, de los anarcocomunistas y de los que durante el franquismo -todavía quedan- vivieron de puta madre, y hoy, quizá arrepentidos, quieren justificar su vida pasada abominando de ella a pesar de sus Visa Oro, sus viajes a todo tren-barco-avión, restaurantes multitenedores, hoteles multiestrellas… Ellos, inocentes todos, obedientes por obligación, forzados de mala manera a disfrutar de aquellos privilegios, que no eran tales, sino la compensación a tanto sufrimiento anterior porque Franco era y sigue siendo el culpable de todo cuarenta y tantos años después de haber desaparecido.

Aclaro para los lerdos: lo que digo no se interprete como que defiendo al difunto general. Nada de eso. Voy contra los que siguen utilizándolo en su provecho para tranquilizar sus conciencias y como disculpa a sus incapacidades. ¿Y esto tendrá remedio algún día? No mientras la democracia siga amparando a los populistas -fascistas actuales- que no creen en ella y que, pese a todo, practican con impunidad el desprecio hacia los que no pensamos como ellos. Y en esa estamos.

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