No te olvidaremos amigo Pepe

En estas reuniones lo habitual era terminar cantando Carnaval, que siempre te ha gustado

N O existen palabras que siquiera se acerquen al sentimiento de profundo dolor y consternación que sentimos en estos momentos. Nuestro amigo, nuestro compañero de viaje, Pepe Pérez Moreno se nos ha ido.

El concepto para ti, que compartimos muchos, es que una comida es la perfecta excusa para compartir con tus amigos momentos inolvidables, reir mucho, mucha guasa, chistes, chismorreos, en fin sobremesas eternas que hacen más llevadera la vida y así compensar otros momentos más desagradables que la vida te reporta. Para este tipo de actividades gastronómicas hay que tener muchas reservas gástricas y debes reconocernos, Pepe, que siempre has tenido un buen saque comiendo.

Las comilonas en Sanlúcar eran una expresión de lo que te comento. Llegábamos a la bodeguita de Quirós tarde, cuando salíamos del hospital y llegábamos a casa ya de noche. Cuando ya a media tarde, los demás estábamos ahítos, aparecía nuestro amigo tabernero, tu tocayo Pepín, y decía: ah!! Se me había olvidado, tenía cabrillas en tomate.. y tú le contestabas y ¿dónde está el problema? P'alante con esos caracoles grandes. Impresionante, tío!!

En estas reuniones lo habitual era terminar cantando coplillas de carnaval que siempre te han gustado mucho. Tu "carrera profesional" en este asunto te llevó a ser presidente del jurado del Concurso Oficial de Agrupaciones. Olé. En el fútbol nos hemos encontrado a veces con tus niños antes de empezar los partidos de nuestro querido Cádiz C.F. Te falta el gusto por las cofradías para completar las tres Ces del gaditanismo. No pasa nada, nunca te gustó ser perfecto.

La prueba definitiva de esa forma de vida la culminaste con tu Grupo Gastronómico Gaditano, qué guasa con lo de GGG, que seguía a pié juntillas esa máxima: una magnífica y suculenta excusa para que un grupo de compas pasen momentos inolvidables, hagan excursiones, visiten casas de comidas, se reúnan en diversos restaurantes para cocinar ellos mismos, pero, sobre todo, compartan momentos vitales inolvidables. Te convertiste por derecho propio y por consenso en su Presidente eterno. Nosotros podemos dar fe de que esta historia es verídica porque tuvimos la fortuna de ser invitados por vuestro grupo en ocasiones. Fuimos propuestos para pertenecer a esa familia en sus inicios, pero la verdad es que no nos atrevimos porque, nos gustaba tanto, que podía ser una actividad de riesgo.

Hemos sido tus colegas desde los tiempos del Hospital de Mora. Estudiamos en la misma Facultad de Medicina, decidimos intentar nuestra profesión en dicho Hospital, que era el Clínico, nos acompañamos mutuamente en los largos meses de lucha para conseguir la integración de nuestro hospital en la Red de la entonces RASSA (Red de Asistencia Sanitaria de la Seguridad Social en Andalucía) y la enorme satisfacción cuando lo conseguimos. Nuestra llegada al Hospital Clínico de Puerto Real era una oportunidad histórica para desarrollar nuestros proyectos profesionales, que también compartimos durante muchos años.

Quiero recordar, por justicia, que fuiste uno de los máximos defensores del conocido como "espíritu del Mora", esa forma colectiva de trabajar en un ambiente de cordialidad y cariño, que impregnaba ese hospital y que se trasladó posteriormente al de Puerto Real. Para destacarlo, escribiste artículos llenos de sentimientos y emociones, como ha sido habitual en ti desde siempre.

La última etapa ha sido igualmente memorable. En estos últimos años, constituimos un grupo de carrozas, "Los amigos del Mora", que nos reuníamos en el restaurante El Periquito de la calle de la Rosa, con tus mismas motivaciones de siempre, para comer y compartir vivencias, para reírnos en definitiva.

Fundamentalmente eres una buena persona. En un mundo tan competitivo, tan materialista, tan individualista, tu ejemplo como ser humano siempre nos acompañará.

Un abrazo muy fuerte a tu esposa Rosa y a tus hijos Alicia, Rosalía y José Manuel. Ellos saben que pueden contar con nosotros para todo lo que necesiten.

Un escritor colombiano, Hector Abad Faciolince, escribió un magnífico libro titulado "El olvido que seremos", en homenaje a su padre asesinado, con el objetivo de que su recuerdo nunca fuera olvidado. Con enormes distancias, éste será nuestro propósito contigo, que tu recuerdo nunca caiga en el olvido porque lo necesitamos. Descansa en paz, amigo Pepe.

Efrain Cruz Rosales, Manuel Puertas Montenegro y Antonio Vergara de Campos.

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