Análisis

Juan José Jiménez mata

Las obras en la Catedral de Cádiz

Mi amor a la Catedral de Cádiz y mi admiración por su arquitectura, formados durante unos treinta años de trabajos intermitentes en la misma, me mueve hoy a escribir estas líneas, en el mejor ánimo de colaboración con sus responsables, tal como puse de manifiesto al señor obispo y al señor deán en el seno de la celebración Traslatio Sedis.

Mi admiración por el monumento, su historia y su principal creador, Vicente Acero, se reflejó en mi libro publicado por Quorum en 2012, donde se reprodujeron los planos históricos y los 32 planos levantados por mi equipo a lo largo de los años.

La última obra que proyecté y dirigí fue la Rehabilitación de la Capilla de la Sacristía baja que, por importe de 346.905 euros, de agosto de 2010 a diciembre de 2011 fue promovida y financiada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Se realizó de acuerdo con los criterios desarrollados en el Plan Director, redactado en 2009 por encargo de la Consejería de Cultura y el Cabildo catedralicio, en el seno de la comisión formada en su día por la consejería con los obispados andaluces. Este Plan no se ha tramitado ni desarrollado hasta la fecha.

Dos problemas fundamentales presenta la Catedral, tal como se describe en mi otro libro Treinta años de intervenciones en la Catedral Nueva de Cádiz, 1987-2016:

En primer lugar, la emigración de sales a zonas ventiladas produce roturas en la superficie de la piedra, puesto que la recristalización supone aumento de volumen.

Y en segundo lugar, existen roturas mecánicas porque al no haber fraguado convenientemente los morteros de recibido entre sillares, por exceso de salinidad cuando se confeccionaron los mismos con arenas de playa y aguas salobres. Ello significa que los sillares quedan apoyados en los ripios, lo que produce fuertes tensiones puntuales.

La Catedral de Cádiz, como todos los monumentos y en este caso en mayor medida, necesita obras continuas de mantenimiento, que a la larga son más eficaces que grandes intervenciones. Es preciso el repaso de las cubiertas, cornisas, limpieza y rejuntado de paramentos interiores y exteriores para retirar elementos en peligro, y aplicar morteros adecuados en las juntas. Los sistemas de limpieza y la elección y confección de los morteros es algo especialmente delicado.

Las obras, incluso las de mero mantenimiento, tanto en la Catedral como en cualquier otro monumento, deben ser dirigidas por arquitectos con suficiente conocimiento del patrimonio monumental, de su historia y de las técnicas a aplicar, que se acompañen de los especialistas que sean precisos. Para ello resulta, a mi juicio, indispensable celebrar concursos públicos abiertos de curriculums y propuestas, que deben ser valorados por jurados con la debida competencia.

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