Análisis

Tito Valencia

El norte existe, claro que existe

Ahora toca sacar imaginación y dinero para arreglar lo que no se arregló antes

Los barrios de obreros empezaron a tomar vida en la periferia de las ciudades. Las fábricas se ubicaban lejos de las zonas urbanas y alrededor de éstas se construían grandes barriadas que daban cobijo a sus obreros. Las élites o empleados se asentaban en las construcciones del casco urbano. Pasaba también con los barrios de pescadores, que habitaban cerca de las playas donde construían sus viviendas de una forma artesanal en muchos casos. Estas barriadas, lejos del centro urbano, en la periferia, carecían de los servicios básicos que sí contaban los habitantes de la ciudad.

Eran otros tiempos lejanos, como lejanos se sentían estos ciudadanos de los demás. Lejanía que reflejaba la gran diferencia de clases en la sociedad. Esa diferencia que ahora, después de tantos años, parece reencontrarse con la historia. La Casería es, en nuestra ciudad, una de esas barriadas formadas por pescadores y mariscadores alrededor de la playa, en la otra punta de La Isla. Un barrio pesquero, lejano, que con el tiempo se ha ido transformando socialmente y creciendo con unas construcciones diferentes, acercándose a la ciudad.

Hoy La Casería ya no tan lejana ni pescadora mira a La Isla de una forma distinta, de igual a igual. Quizás con la destrucción, con nocturnidad y alevosía, de su afamado puente seña de identidad de la unión del barrio con la ciudad, comenzó una nueva visión de este barrio muy querido en la ciudad. Con un marco a la Bahía incomparable, único, con muchos años en el olvidado, cuenta con el inconveniente de una playa fangosa y arenosa, por la construcción del Puente Carranza, que está pendiente de su desarrollo por parte de Costas dependiente del Gobierno central. Fango que es el culpable, junto a los que autorizaron su construcción, de la inutilidad del actual Club Náutico. Una muestra de cómo se ha malgastado el dinero público en esta ciudad. Pendiente de presupuesto por parte del Ayuntamiento (cercano a los veinte mil euros) para dragar esa zona del club, el dragado general cuesta mucho dinero como consecuencia del abandono de los anteriores gobiernos. Con un urbanismo moderno, la parte central del barrio continúa conservando su fisonomía, su olor a barrio típico, su luminosidad por la cercanía del mar. Una parte de la ciudad que forzosamente tiene que ver aumentado su desarrollo socioeconómico alrededor del aumento de ocupación, por parte del SAS, del Hospital de San Carlos. Un barrio que se tiene que ver reforzado también, con la urbanización del Fadricas II y del solar de la antigua fábrica San Carlos, ambos en manos privadas. Además de la intervención en los antiguos polvorines. La intervención en la antigua fábrica originará la transformación de toda la zona de sus alrededores . Que duda cabe de que todos los vecinos quieren más para su zona. Verdad que si se hubiese intervenido hace tiempo en la playa ahora sería otra realidad. Pero no se hizo y lo que se hizo se hizo mal como las torres. Ahora toca, por parte del gobierno actual, sacar imaginación y dinero para arreglar lo que no se arreglo antes.

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