En las fotos de inauguración de la sede portuense de VOX aparecen varias mujeres, orgullosas ellas ante un gran cartel que simboliza al partido que pretende eliminar la protección a las mujeres maltratadas, esa protección que ha salvado la vida de cientos de mujeres y evitado miles de palizas. Parece que en estos tiempos de impostura, dos proclamas vacuas y tres bulos convencen más que la realidad, esa que ha llevado al sufrimiento de millones de familias con el paro, los desahucios, la pérdida de ayudas a la dependencia… En una obscena competición por quien tiene la bandera más grande, nada importan los problemas de la gente. El rojo y gualda lo tapa todo.

A estos patrioteros de himno, bandera, procesión y corrida de toros les importa un pito España y los españoles. Porque defender España es defender sus ciudades, pueblos, aire, campos, bosques, ríos, mares y biodiversidad. Porque defender a los españoles es defender sus derechos a un trabajo, vivienda y pensiones dignas; a la sanidad universal; a la igualdad de oportunidades en los estudios y entre hombres y mujeres; al respeto a la diversidad de pensamiento, religión y sexo; al apoyo a familias con dependientes. Porque todos y todas somos España, no sólo los fanáticos del “Viva España” vacío y excluyente.

A las mujeres y hombres de Vox les aplicaría directamente su programa. No podrán contratar inmigrantes ni en empresas ni en sus viviendas; no se beneficiarán de las pensiones públicas; no se aplicará protección alguna a las mujeres maltratadas; se les exigirá pasaporte para viajar por la UE; y sus hijos e hijas sólo irán a colegios que fomenten el fundamentalismo cristiano, sin formación cívica ni sexual. Y los gays y lesbianas de Vox, como el presidente de Lérida, ¡¡a la hoguera!!

¿Y qué pintan en la sede de Vox la presidenta de la Flave y el párroco del Carmen y San Marcos? Quien pretende representar a los vecinos y vecinas de El Puerto no puede acudir a la inauguración de la sede de los que defienden la xenofobia y el racismo, incompatibles con los valores democráticos y constitucionales, y ofenden sistemáticamente a las víctimas del terrorismo franquista y a las mujeres maltratadas. Y menos se entiende la presencia de un cura; a no ser que añore el nacionalcatolicismo.

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